Saltar al contenido

La Iglesia belga lucha por calmar los ánimos

Mientras el cardenal Leonard viajaba a Roma, en Malinas se bendijo al nuevo obispo de Brujas

Regala esta noticia

ENRIQUE SERBETO

La misa dominical de mediodía en la catedral de San Romualdo de Malinas no fue una eucaristía normal. No tanto porque fuera precisamente el día del santo patrón de la ciudad, ni porque el arzobispo Andre-Joseph Leonard, de viaje en Roma, no la presidía, ni porque se celebraba el nombramiento de Monseñor Josep de Kesel como nuevo obispo de Brujas tras la dimisión de Monseñor Roger Van Geluwe en abril pasado. Sobre todo, la misa dominical fue la primera después de la violenta irrupción de la Policía en la sede del Arzobispado el jueves en una operación judicial dirigida hacia la Iglesia católica como institución acusada de haber ocultado los casos de abusos contra menores ocurridos en el pasado.

Precisamente monseñor Kesel presidió la eucaristía en ausencia de monseñor Leonard, llamado a Roma para recibir un rotundo mensaje de Benedicto XVI en el que considera «deplorable» la intervención policial del jueves. «Debemos fijarnos en el Evangelio, en la lectura de hoy en la que los discípulos piden a Jesús castigar a los samaritanos y Jesús les conminó a que no condenen a los que les ofenden». Esa fue la principal referencia de la homilía de monseñor Kesel al caso que estaba en la mente del centenar de fieles presentes en la imponente nave del siglo XVI, sede de la diócesis de Malinas-Bruselas y cabeza de la Iglesia católica belga.

«Queremos hacer lo posible por calmar los ánimos» diría después de la ceremonia monseñor De Kiesel. «Usted ya sabe que las relaciones entre la Iglesia y el Estado en Bélgica son muy especiales». El nuevo obispo de Brujas sabe muy bien cuáles son esas relaciones en este momento y qué significa cada palabra, porque precisamente ha sido designado para sustituir al único obispo que ha dimitido reconociendo que en el pasado cometió actos reprobables con un menor.

Trato normal

Naturalmente, está al corriente de la visita del arzobispo Leonard a Roma y del duro mensaje papal en el que se pide que «la justicia siga su curso garantizando los derechos de los individuos e instituciones, respetando los derechos de las víctimas y reconociendo a quienes colaboren», pero también le han dicho que el actual ministro de Justicia belga, Stefaan de Clerck, (democristiano flamenco) ha respaldado la brutal actuación de la policía, que incluyó la profanación de dos tumbas y la retención durante nueve horas de toda la Conferencia Episcopal y el Nuncio del Vaticano. Para De Clerck «los obispos fueron tratados con normalidad y no es verdad que no recibieran nada de comer o beber» y en cuanto a la «proporcionalidad», el ministro cree que «deberá considerarse cuando se conozca lo que ha sido descubierto».

De Clerck autorizó la Comisión que dirige el profesor Peter Adriaenssens para compensar a las víctimas, y que ha sido el principal objetivo de la pesquisa policial. Presente en la misa también el hoy jubilado cardenal Godofredo Danneels, que dirigió la Iglesia belga durante los años en que sucedieron la mayor parte de los casos y que insiste en mantenerse en silencio: «Por primera vez en mi vida no quiero decir nada. Ya he sufrido suficiente» afirma. Habla con los parroquianos que se acercan a él después de la misa, pero sabe que el panorama que queda por delante es tan duro como la ascensión de los 514 escalones de la famosa torre de San Romualdo.

Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

Reporta un error

[]

La Iglesia belga lucha por calmar los ánimos

[]

La Iglesia belga lucha por calmar los ánimos