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«Aquí no vendemos ropa, aquí vendemos estilo»

Desde que en 1922 un político congoleño regresara de París como un dandy, el movimiento «sapeur» tiene cada vez más adeptos. ¿Su leitmotiv? El hombre es el centro de la creación y como tal debe ir vestido

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«Aquí no vendemos ropa, aquí vendemos estilo»

EDUARDO S. MOLANO

En las laderas de Bukavu, al este del Congo, un pequeño comercio destaca sobremanera del resto. “Aquí no vendemos ropa” -nos inquiere su propietario, Dominique Song- “Aquí vendemos estilo”. Y lo cierto es que al bueno de Song no le falta razón. Porque en “La Sape (Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes) distinción y clase, al margen de utensilios estéticos, hay a borbotones.

De sombreros de corte decimonónico a camisas rococó, aquí las víctimas de la moda pueden hacer realidad sus deseos más ocultos. Una pequeño baúl sin fondo -que contrasta con la miseria de la ciudad- pero cuyo caso, sin embargo, no es único en la región.

Desde que en 1922 el político André Grenard Matsoua regresara de París convertido en un dandy, a ambos lados de los Congos (Brazzaville y Kinshasa) el movimiento “sapeur” -derivado de la propia palabra “sape”- no ha hecho sino acrecentar el número de adeptos. Todo ello, bajo un “leitmotiv” sumamente simple: el hombre es el centro de la creación y como tal debe ir vestido.

Estética british o gusto afrancesado

“En todo el país ya somos varios miles, y cada uno de nosotros sigue una tendencia. A algunos le gusta la estética británica (denominada Piccadilly), mientras que otros cuentan con un gusto más afrancesado ”, reconoce Song.

Por ello, los seguidores de esta costumbre, no dudan en dedicar la mayor parte de sus ganancias a adquirir vestimentas. Cuanto más barroco sea el complemento, mejor : zapatos inmaculados de 200 euros para caminar entre barrizales, trajes de vivos colores, bastones con más marfil que una manada de elefantes... Un caso clínico que ya ha sido documentado por el fotógrafo italiano Daniele Tamagni , autor de “Los caballeros de Bacongo”, pero que sirve para alejar los fantasmas del peor conflicto bélico desde la segunda guerra mundial .

La estética contra la miseria

“Cuando la miseria llama a tu puerta, es mejor recibirla con una sonrisa y el mejor de tus trajes”, señala Patrice, uno de los clientes de “La Sape”, quien pese a ganar apenas 200 euros al mes luce con orgullo un sombrero de 50.

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Pero en un movimiento que vive del hedonismo no podían faltar los claroscuros, como el caso del cantante Paul Wemba , uno de sus grandes “maestros” y quien, ya convertido al cristianismo, denunció sus excesos estéticos. O el también músico King Kester Emeneya, que define el movimiento como una “droga”.

Pese a ello, sus seguidores no cejan en su empeño estético. “ Mientras tengamos dinero para nuestros trajes, habrá futuro , porque la verdadera pobreza moral comienza con el abandono del cuerpo”, recuerda el propietario de “La Sape” mientras brinda con su sombrero.

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