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Carmen Linares: «En el flamenco hay que mojarse»

Recibió ayer en la UIMP el Premio La Barraca como reconocimiento a sus cuarenta brillantes años como cantaora

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JOSÉ AHUMADA

«No venderte, hacer cosas de calidad sin desvirtuar el flamenco y tener un poco en tu cabeza su raíz y su autenticidad. Hay que mojarse y hacer calidad sin venderte». Es la fórmula que la cantaora Carmen Linares —nacida Carmen Pacheco Rodríguez en Linares, Jaén, en 1951— ha seguido a lo largo de más de cuarenta años de carrera en el flamenco, que ayer fueron reconocidos en la UIMP con la entrega del IV Premio La Barraca, que recibió de manos del rector, Salvador Ordóñez. La artista reivindicó «honestidad» y «coherencia» hacia un género que continúa evolucionando.

Profunda conocedora del flamenco, insistió en que un buen trabajo va más allá «de imitar» : es necesario imprimir «tu propia personalidad» para crear «algo auténtico», de forma que sea posible evolucionar manteniendo la fidelidad. Dijo que el paso del tiempo ha aumentado también su sentido de la responsabilidad: «Ahora tengo más responsabilidad y creo que me lo paso mejor cantando y disfruto mucho más del flamenco que cuando empezaba». También agradeció la buena acogida recibida por parte del público santanderino: «Donde hay sensibilidad siempre hay sentimiento y emoción». Al final del acto, Antonio Mejía y Francisco Pinto tocaron por alegrías, y ella recompensó a los asistentes con una toná, «Con tu voz», con versos de Juan Ramón Jiménez.

Avaricia expresiva

Por su parte, el poeta y flamencólogo Félix Grande, encargado de pronunciar la laudatio, destacó de Carmen Linares su condición de «cantaora general», «y ese adjetivo significa que su relación con el cante contiene la dimensión moral de un desasosiego capaz de conocer y expresar todo el cante». Grande, que comparó su categoría con la de la Niña de los Peines, alabó su capacidad para «traducir» al flamenco poemas de Lorca, Hernández o Borges . Resumió la trayectoria de la cantaora como «un trabajo en el que se reúnen su avaricia expresiva, su personalidad enciclopédica y su afán de justicia», al recuperar aportaciones al flamenco ya olvidadas. «Esta señora a quien hoy la Universidad Internacional Menéndez Pelayo le dice: Doña Carmen Linares, pase usted. Y considérese en su casa».

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