Audi Q3 Trans China Tour 2011
Vender más de un millón de coches Premium en un mercado como el chino no es tarea fácil. Audi, tras más de 20 años en este fascinante país, lo ha conseguido, convirtiéndose en la primera marca occidental que rebasa ese límite.
china Actualizado: GuardarSi Mao, el «gran timonel», levantase la cabeza se sorprendería (y seguro que asustaría) de muchas de las cosas que están ocurriendo en su China. Megalópolis llenas de rascacielos al más puro estilo occidental, ropas más que atrevidas, incluidas minifaldas más minis que faldas y peinados disparatados de colores atrevidos... La falta de uniformidad con que viste el pueblo chino traería de cabeza al viejo líder. Ya ni siquiera en las aldeas perdidas del centro del país se vistecon el tradicional Mao, y las costumbres occidentales arrasan. Ya sea en pueblos perdidos o en grandes ciudades costeras, el chino vive casi como el ciudadano occidental, y adopta sus mismos gustos por las mismas cosas, aunque con sus matices diferenciadores.
Entre ellos figuran los concesionarios de vehículos, que no son como los conocemos aquí.
Vender coches en China puede parecer fácil a tenor de las estadísticas (más de 14 millones de coches al año y subiendo), pero el cliente chino es un personaje muy especial. Por ejemplo, en China los más de 200 concesionarios Audi han debido trabajar muy duro para hacerse un hueco. En los estudios de mercado han llegado a la conclusión de que las paredes entre tienda y taller han de ser de cristal transparente para que el cliente, cuando deje su coche a reparar, vea que lo atienden y no pierden tiempo con él. Incluso se han dotado de salas de espera con televisión, acceso a Internet o salas de masaje, porque el cliente es capaz de esperar el tiempo que haga falta para llevarse listo su coche.
Esa impaciencia afecta al modo en que los chinos compran coches. Si en España somos capaces de esperar para disponer de algún extra u opción especial, los chinos, en cambio, cuando visitan un concesionario suelen llevar el dinero encima para llevarse el coche al instante. Si les gusta lo que han ido a ver, lo quieren ya. También es curioso el afán de los chinos de alto poder adquisitivo por disponer de coches de batalla más larga de la habitual en Occidente, y así todas las berlinas que vende Audi en el país asiático llevan la L en su distintivo: sólo se ven los A4L, A6L o el enorme A8L.
Con motivo del millón de coches vendidos, y aprovechando el inicio de las ventas del nuevo SUV Q3 en China, la marca de Ingolstad preparó un viaje a través de la costa china en un periplo de más de 5.700 km divididos en cuatro grandes etapas a los mandos de un Q3. Un Q3 recién salido de la factoría de Martorell, y al que sólo hizo falta adaptar el navegador para aceptar el idioma chino y una mejora en su zoom, trabajo efectuado por ingenieros chinos en las oficinas de Audi cerca de Beijing, donde la marca produce sus Q5 y A6L (en Changchun, en el norte del país).
De Beijing a Hong Kong pasando por Shanghai, Shenzhen o Guilin, donde finalizó la etapa. Los casi 900 km recorridos a bordo del Q3 TFSI de 211 CV permitieron una increíble visión del coche y sobre todo del país asiático. Del Q3 destacar su manejabilidad sobre cualquier terreno y el espacio disponible en un maletero. El opcional Audi Drive Select permite ajustar ciertos aspectos de la marcha. Por otra parte, circulando por las innumerables autopistas su modo Efficiency ajusta hasta el climatizador en busca de la eficiencia, y en modo Dynamics permite exprimir el motor, mientras que la posición Auto es ideal para el caótico tráfico de vehículos y personas de las ciudades chinas, donde se hace necesario equilibrio y paciencia, pues es fácil encontrarse motos o bicicletas circulando en sentido contrario.
Los rascacielos de Hong Kong (con el hotel más alto del mundo, el Ritz Carlton, con su terraza en la planta 118), el paseo en balsa de juncos por el rio Yulong He, donde los pies van siempre en contacto con el agua... Cada etapa fue un descubrimiento sin precedentes. Los campos de arroz a los pies de montañas con nombres impronunciables, las afueras de Yangshuo, los caminos plagados de ciclistas, viejos paseando de forma ociosa o cargando pesados fardos con todo tipo de enseres, mujeres con sus hijos empaquetados a la espalda o motoristas y camiones llenos de patos y cerdos incitan al descubrimiento, y sin duda a viajar sin descanso por carreteras y caminos admirando una naturaleza que, a veces, parece desapareceer entre montañas de edificios, y otras está aún por descubrir.

