En modo avión
Haz cosas difíciles
Jonathan Haidt dijo a los alumnos de la Universidad de Nueva York que valoren, atesoren y protegan su atención de interrupciones y contenidos y empresas cuyo único objetivo es captarla y monetizarla
Hace apenas una semana, en el Estadio de los Yankees, el psicólogo social Jonathan Haidt estaba a punto de dirigirse a un mar de togas y birretes de la Universidad de Nueva York que se encaminaba al mundo real. Había expectación. Había intriga. Y ... también había cierta sospecha, porque la elección de Haidt no había estado exenta de polémica.
En la semana previa al evento, numerosos alumnos de NYU hicieron patente su desacuerdo con su nombramiento en redes sociales y en el diario estudiantil. A unos les molestaba su equidistancia política. A otros, su empeño 'antiwoke'. Y luego también estaban quienes temían una regañina por pertenecer a una generación mimada y ansiosa que estaba enganchada al móvil. Pero, cuando Haidt empezó a hablar, sus palabras no contenían ningún atisbo de acusación ni de empequeñecimiento. Tampoco se percibía en ellas ninguna crítica ni riña. Lo que sí contenían era un consejo.
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Jonathan Haidt
Bruno Pardo Porto
Uno que tiene que ver con eso que nos es completamente fundamental, que da forma a lo que nos importa y que nos acaba convirtiendo en quienes somos. Lo dijo alto, lo dijo claro. Lo que debían hacer los alumnos (y debemos hacer todos los demás) es valorar nuestra atención. Y, después de valorarla, atesorarla y protegerla de interrupciones y contenidos y empresas cuyo único objetivo es captarla y monetizarla.
Cuando uno hace esto, se llega a la parte más terca y complicada. Cuando uno presta atención, acaba apareciendo la enorme y terrorífica pregunta de qué es lo que queremos hacer con nuestra vida. No qué podemos, sino qué queremos hacer. Y la respuesta, para Haidt, pasa por «hacer cosas difíciles». Cosas arriesgadas. Cosas que cuesten un poco y que amplíen nuestras capacidades y que nos acerquen a los demás. Cosas que expandan y contraigan nuestras incomodidades.
Haidt, además de lo dicho, también dejó una última lección a los alumnos que escuchaban, sobre todo a aquellos que se opusieron a su designación. Una lección que consiste en entender que no podemos predecir el futuro. Que no sabemos cómo van a ir las cosas. Que debemos escuchar al que piensa distinto. Estar abiertos a la sorpresa. Dispuestos al impacto. Siempre cabe la posibilidad de que el otro diga algo intrigante, algo relevante. Algo valioso. Algo que nos abra un poco más a la vida.