ARTE
La memoria de lo sublime con Fabrizio Plessi
Doble homenaje a este representante del videoarte italiano recientemente desaparecido en Baleares, en el Museo de Palma y en la galería Kewenig
Palma de Mallorca
Recuerdo vivamente la impresión que me causaron unos televisores en los que se habían clavado unas palas. Fue la primera instalación que contemplé de Fabrizio Plessi en 1988 en el Museo Español de Arte Contemporáneo. En esos años de inercia posmoderna, entendí que se ... trataba de un gesto que cuestionaba la banalidad mediática.
El mismo artista, uno de los grandes pioneros del vídeoarte, declaró en torno a esa muestra que era «un cavernícola electrónico». En realidad, pude comprobar a lo largo de toda nuestra amistosa relación durante tres décadas que su imaginario era el de un poeta del espacio, en el sentido bachelardiano, obsesionado por los elementos primordiales, especialmente por el agua.
La presentación de 'Digital Splash' en el Museu de Mallorca adquiere el tono de homenaje póstumo a Plessi, que falleció el pasado 23 de agosto, cuando tenía perfectamente planificados todos los detalles de esa imponente vídeo-instalación en la que a cada minuto cae una piedra sobre unas esculturas formada por pantallas de televisión de las que se 'derrama' el agua.
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David Barro y Jackie Herbst apuntan que «la sensación es abrumadora». Ciertamente, tiene el tono de una paradoja visual que sintetiza todos los esfuerzos estéticos de un artista que comprendía la ambivalencia onírica de lo acuático: símbolo originario y metáfora del olvido, elemento fecundo y materia en devenir en la que se refleja 'heracliteanamente' la subjetividad.
En febrero de 2000 comisarié en L'Almodí de Valencia 'Ánima de la materia', de Plessi; aquel bello espacio histórico se tornó sublime con la rotunda presencia de unos enormes troncos suspendidos de los que se proyectaba en el suelo círculos de agua. Naturaleza y tecnología generaban una experiencia estética de la máxima intensidad sin caer ni en la nostalgia ni ceder al aceleracionismo que nos empuja al precipicio catastrófico.
En el Oratorio de la galería Kewenig asistimos al sentido testimonio de amistad entre Bernardí Roig y Fabrizio Plessi, dos artistas con un prodigioso sentido escénico y también con una admirable capacidad para sintetizar y dotar a sus obras de gran energía. Precisamente, la obra del italiano se titula 'Energy' (2026), formada por tres televisores dispuestos en una hilera vertical en los que vemos y escuchamos rayos y truenos. Recordé la idea de Vico de que el trueno estremece a los hombres y marca el nacimiento de la religión y la sociedad, inspirando aquellas diez palabras de 100 letras que Joyce diseminó en 'Finnegans Wake'.
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Bernardí Roig 'esconde' tras un muro doble colocado sobre el altar una figura humana cabeza abajo. Un amputado brazo de oro alude, según declara, al mosaico bizantino de La Ascensión en la cúpula de la Basílica de San Marco. Esta es una de esas «imágenes que faltan», por emplear a Quignard, una encarnación deconstructiva de lo sagrado y, sobre todo, la manifestación del irrefrenable deseo de ver.
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‘Digital Splash’
Fabrizio Plessi
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Lugar: Museu de Palma
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Dirección: C/ Portella, 5
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Comisarios: David Barro y Jackie Herbst
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Clausura: Hasta el 25 de octubre
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Valoración: ****
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Plessi/Roig
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Lugar: Galería Kewenig. (Palma de Mallorca)
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Dirección: Carrer de Sant Feliu, 6-7.
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Clausura: Hasta el 31 de octubre
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Valoración: ****
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Si lo sublime era en el tratado de retórica atribuido a Longino el mundo patas arriba roto por el rayo, el encuentro a pesar de la ausencia de Roig y Plessi revela que siempre queda un resto: huellas del lujo que es la vida, rastros de luz inquietante, flujos acuáticos que fecundarán la memoria.