Toros en Sevilla
Forzar un producto en el toreo
Sevilla le pesa a cualquiera, y más a aquellos que no viven en su propia realidad
Cuando se anunció la llegada de Jose María Garzón a la plaza de toros de Sevilla, el personal creyó que iba a llegar una gran bocanada de aire fresco. La realidad, en el Cartuja Center y en esa gran gala, acabó siendo otra. Está llegando, ... sí, pero pausadamente. El problema venía si se miraba detalladamente la cartelería ofrecida en su primer año al frente de este enorme trasatlántico que es la Maestranza. El compromiso del nuevo empresario con el aficionado ha sido de alto nivel, y también basta con mirar lo realizado, pero lo más importante y que es lo que le da peso a la gestión, ha hecho aguas. Hoy, en el Arenal, le ha dado el pistoletazo de salida a la Feria de San Miguel una persona que no estaba preparada para ello. Y eso se sabía más allá del azar innegable que dispone este indescifrable arte.
Una de las situaciones que más resaltaron de aquellas ternas ofrecidas por Lances Maestranza fue la colocación de Olga Casado con la «novillada premium» que el gerente de Lances de Futuro anunció en el Hotel Querencia en su primera aparición ante los medios. Y resaltó por varias realidades. La primera, que ella estuviera en esa novillada. La segunda, en ese día. Y la tercera, por que estaba compitiendo, aunque esta era, sin duda, algo positivo.
De la primera se extrae una eminente pregunta: ¿Qué merecimientos había realizado la joven para tener la guinda del pastel en sus manos? ¿Mario Vilau no la merecía más? ¿El Mene tenía que quedar desterrado? ¿Ruiz de Velasco no tiene avales para estoquearla? ¿Julio Méndez y sus formas? Y este acartelamiento, lo que hizo, desde el primer momento, es centrar el debate en el poder de su entorno y lo que se suele barruntar con él.
De la segunda, los niveles de impacto que tiene un triunfo en junio en la Maestranza. Los focos de la Feria de Abril perdidos en la lejanía de la primavera, la televisión desaparecida y sobre todo: la sapiencia del aficionado que día a día cubre los tendidos de la plaza de toros de Sevilla con una lealtad digna de un monumento. La segoviana hubiera pasado un quinario de haber nacido en la época en la que el coso del Baratillo sentenciaba con indiferencia y dolía con sus silencios. No se trata de ser hiriente con la joven, si no de saber apreciar la verdadera realidad que se vive y no la que uno desea.
Y con la tercera -positiva a todas luces-, que la competencia llega tarde. A destiempo. Y para ser sinceros, con dos compañeros de cartel que libraban batallas individuales de una independencia tremenda. Por un lado, Garibay en un corte de torero diferente -y diferencial- además de estar reapareciendo de una cornada. Por otro, Manuel Domínguez y un debut con picadores en plaza de primerísima categoría que, para más inri, es la suya. Donde ha visto toros toda su vida.
Desde que la impulsó la escuela madrileña parece haber quedado como un producto forzado de la industria. La Maestranza así lo ha digerido en el primero de los cuatro festejos que dispone la empresa para San Miguel. Un lote de posibilidades de una novillada de dulce de Garcigrande y una plaza perdida en un toreo periférico, sin el oficio que merece una comparecencia como Sevilla y una gran falta de firmeza. Lo que apuntó en aquel festival en Vistalegre rodeada de figuras ha quedado diluido sin necesitar más que su propia realidad para exponer lo artificial de su carrera, lo impuesto, lo acelerado.
Dijo Juncal que las prisas son para los chorizos y para los malos toreros. Olga Casado no tiene por qué ser mal torero. El tiempo dispondrá su futuro en bandeja. Veremos si es de plata y con un billete a la cima, o de alpaca y con el final con todas sus letras. El problema sólo es uno: acelerar los procesos. Y José Chacón lo dijo claro: nunca se debe coger el camino corto en el toreo. Ojalá la pupila de Miguel Abellán triunfe y sea feliz, pero la realidad sólo es una, y esa la dispone el toro. Forzar un producto en el toreo es anticipar un golpe grande.