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¡Pum-pum!: crónica de un petardo anunciado

A almohadillazos acabó una tarde en la que Aguado se dejó un toro vivo tras atascarse con el descabello en el capítulo más prometedor de una blanda corrida del Puerto

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El capote de Aguado, con el toro a su aire y con las manos por delante
Rosario Pérez

Estalló la bronca cuando se despidieron los toreros, envueltos en una nube de almohadillas. Los aficionados lanzaban los cojines morados con tremendo mosqueo tras la desastrosa tarde. Nadie quería perderse un festejo de 'No hay billetes', pero eran muchos los que desde la mañana ... vaticinaban que el sexteto enviado desde el Puerto de la Calderilla se sostendría con alfileres. Y así fue: un desfile de animales de contado poder, aunque alguno con la intención de embestir. Un espejismo: el fondo de casta no los acompañaba. Claro que tampoco se toparon con la terna de mayor ambición del escalafón ni con la que atraviesa su momento más laureado, aunque siempre ilusione ver a Juan Ortega y Pablo Aguado. Lo de José María Manzanares, a estas alturas de su carrera, es ya otra cuestión... Con esos mimbres arrancaba una tarde de reventón y de decepción, que no por previsible dolía menos.

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