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«Denilson va a triunfar en el Betis»

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ABC

Aunque hace ya muchos meses que no juega, Ronaldo sigue siendo una estrella, una especie de bandera brasileña que se pasea por el mundo. Es el que despierta expectación, un «animal» de las emociones de mucha gente.

En Montevideo, donde vio el partido que Brasil jugó ante Uruguay el pasado domingo, el jugador del Inter de Milán se paseó —tan sólo estuvo un día— por el hotel donde se concentró la canarinha, para irse adaptando a los métodos del nuevo seleccionador brasileño, Scolari. Su vuelta a los terrenos, tras la grave lesión que sufrió, está muy próxima y en él hay puestas muchas esperanzas.

El astro se alojó junto con su asesor, Rodrigo Paiva, en el hotel Sheraton, en Punta Carreta. Por Montevideo circulaba el rumor de que Ronaldo iba a asistir al partido —los dirigentes de la selección intentaron desmentirlo—, pero después de hablar con uno de los recepcionistas, pude confirmar que había una reserva, de la habitación 1.006, a nombre de Paiva. Lo llamé desde el hall de la recepción. Cogió el teléfono Ronaldo; me pasó a su asesor, que controla todos los movimientos del brasileño. Le expliqué que venía desde Sevilla y que quería hacerle una entrevista a Ronaldo. El asesor me reconoció rápidamente —ya había hablado por teléfono con él en multitud de ocasiones en busca de la entrevista—. Me dijo que no habría ningún problema, pero que debía esperar en recepción.

Aguardé unas tres horas, y Paiva y Ronaldo no aparecían. Di prácticamente por cerrada la posibilidad de entrevistarlo. El mismo recepcionista de antes me comunicó que lo normal era que Ronaldo no saliera por recepción. Sólo quedaba una opción: subir a su habitación.

ENTRENAMIENTO DURO

Justo cuando salí del ascensor, lo vi llegar. Caminaba muy rápido. Venía de un gimnasio privado y se metió en su habitación sin mirarme. Iba con Paiva. «Se va a duchar. Espéralo quince minutos», me dijo.

— Una pregunta obligada: ¿cómo se encuentra y para cuándo su vuelta?

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— Estoy entrenando muy duro para volver cuanto antes. Ahora me voy de nuevo a Italia —llegó ayer sábado—. Después de entrenarme con la selección, es hora de que regrese a Milán.

— Tengo entendido que incluso espera estar para los amistosos de pretemporada del Inter.

— Por supuesto. También quiero estar para los partidos clasificatorios del Mundial con mi selección; tengo que hablar con Scolari...

— ¿En qué ha pensado en todo este tiempo de recuperación?

— Pues en que tenía que recuperarme y volver a jugar como antes.

— Sea sincero. ¿No se ha acordado a veces de su etapa en Barcelona?

— Sí, sí. (Suspira). En Barcelona pasé una etapa maravillosa, pero ahora es el momento de pensar en el presente.

— ¿Le gustaría volver al Barça?

— No lo sé. Quizá algún día vuelva...; eso nunca se sabe. No obstante, mi equipo ahora es el Inter de Milán y es ahí donde quiero triunfar.

— ¿Qué sabe de las temporadas que han realizado Sevilla y Betis?

— Sé que han subido a Primera...

— Y...

— Pues que han tenido que hacer una muy buena temporada. No es tan fácil ascender. Sé lo importante que es para la ciudad que los dos equipos estén en Primera, porque he jugado en Sevilla.

— Por lo tanto, conoce a sus aficiones.

— Sí, claro. Son dos hinchadas que se merecen que sus equipos jueguen competiciones europeas.

— Un compatriota suyo, Denilson, no está dando todo lo que de él se esperaba en el Betis.

— Ya lo sé. Es mi amigo y soy el primero que sabe que no está del todo bien. Denilson necesita continuidad y de esa forma triunfará en el Betis. Tiene condiciones para hacerlo en cualquier equipo.

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