Noción Personal
El agua, el petróleo del siglo XXI
Castilla y León no puede dar por descontado un patrimonio que el cambio climático convertirá en cada vez más escaso y valioso
Alejandro J. García Nistal
Durante décadas, el petróleo determinó la riqueza de las naciones. En el siglo XXI ese papel lo desempeñará un recurso mucho más básico: el agua. No porque vaya a sustituir al crudo como fuente de energía, sino porque condicionará la agricultura, la industria, la producción ... eléctrica y, en definitiva, la capacidad de crecer de los territorios.
Castilla y León parte con una ventaja que apenas ha sabido convertir en estrategia. Aquí nacen algunos de los grandes ríos de la Península y la cuenca del Duero, la mayor íntegramente española, constituye una de las mayores reservas de agua dulce del país. Mientras amplias zonas del arco mediterráneo afrontan restricciones cada vez más frecuentes, la disponibilidad hídrica del interior adquiere un valor económico creciente. La propia reserva de la cuenca del Duero ha superado este año el 90 por ciento de su capacidad tras un ciclo de lluvias excepcional, muy por encima de otras demarcaciones del sureste español.
Pero disponer de agua ya no basta. La diferencia la marcará quién sea capaz de transformarla en riqueza. Regadíos tecnificados, industria agroalimentaria, producción de hidrógeno verde, centros de datos con elevadas necesidades de refrigeración o centrales hidroeléctricas de bombeo competirán por instalarse allí donde exista seguridad en el suministro.
Ese debe ser el verdadero debate político. Durante años se ha hablado del agua casi exclusivamente desde la confrontación territorial o los trasvases. Sin embargo, la cuestión de fondo es otra: cómo utilizar una ventaja natural para atraer inversión y empleo de alto valor añadido sin comprometer la sostenibilidad del recurso.
Castilla y León no puede dar por descontado un patrimonio que el cambio climático convertirá en cada vez más escaso y valioso. La historia demuestra que las regiones prosperan cuando saben identificar a tiempo cuál es su principal activo. En las próximas décadas, el agua dejará de ser únicamente un recurso natural para convertirse en uno de los grandes factores de competitividad. Y pocas comunidades parten con mejores condiciones que la nuestra.