«Te meten miedo con que tienes las de perder por no tener papeles»
El anuncio de la nueva regularización de inmigrantes se recibe en las entidades de Castilla y León como algo «positivo» para aportar «orden» y «dignidad»
Valladolid
Mateo solía encontrarse a su madre llorando de vez en cuando. Le decía que era porque extrañaba a su tío, hasta que un día le confesó que, aquella vez, era por él. «Te vas en dos días a España», le reveló ella, que lo había ... organizado todo con su hermano, con apenas el dinero para el billete y una bolsa de viaje. Prefería mandarlo lejos que seguir viviendo con el miedo a que lo captase la guerrilla, cuenta el propio adolescente. Este joven colombiano de 17 años indica que no tuvo «un padre presente» y que fue Sergio, el hermano de su madre, el que hizo las veces. Hasta que en 2023 este decidió marcharse a España con su mujer y su propia hija para protegerlas. Hace un año, el joven los siguió.
Ambos con nombres ficticios para proteger una intimidad aún «complicada», tío y sobrino son ejemplo de esos extranjeros sin papeles que podrían ahora verse beneficiados de la regularización de inmigrantes que ha planteado el Gobierno. Sergio, que se formó como ingeniero industrial, explica que cuando vivía en el departamento de Huila, en Colombia, «diseñaba, fabricaba y montaba» para su negocio familiar. «Creíamos que teníamos la vida resuelta», afirma, para resumir que se marcharon porque allí «azotaba mucho la violencia». «Existe lo que llaman 'la vacuna', supuestamente un 'impuesto voluntario', pero que es una cantidad que ellos te dicen cuánto y cómo tienes que pagar si quieres que no le pase nada a tu tienda», desgrana este hombre de 40 años.
Reconoce que en un momento dado temió por su niña, que ahora va a cumplir 12 años. «De alguna manera vieron que me iba a entrar un pago y empezaron con que si no pagaba más le iban a hacer daño», admite, así que se llevó a su esposa «de paseo» a un centro comercial en la cercana ciudad de Neiva y le señaló los destinos en una agencia de viajes. «Escoge uno, porque nos vamos», le soltó.
Empezaba así una odisea escondida. No podían despedirse de amigos ni vecinos: a ojos de todos debían ser unas vacaciones, y para entrar en España tenían que llevar «boleto de ida y vuelta, con reserva en hotel y dinero en efectivo o demostrado en tarjeta», cuenta Sergio. Nunca usaron el billete a casa y esos diez días fueron «horribles» por todo lo que suponían. «Echamos toda una vida en una maleta y no miramos atrás», afirma. Pero su periplo sólo acababa de comenzar. Les llevó tres días de escalas y aduanas, ocho horas de espera en inmigración en Ámsterdam o fuertes controles: «Te revisan el celular entero por si tienes un +34, como si fueras un delincuente».
A Valladolid llegaron porque su esposa vio anuncios y sacó la conclusión de que «había mucho trabajo», pero oficialmente estaban aquí como turistas. Con el dinero apenas les dio para alquilar –en negro, claro– un trastero en el que «una mujer nos dio peor vida que a los presos, no nos dejaba ni usar el baño». «El miedo que le meten a uno es que tienes las de perder porque no tienes papeles», condensa Sergio, que va enumerando episodios y estafas hasta que Cáritas estudió su caso y les ayudó a conseguir un piso. Describen a Juan Alonso, el responsable del programa de Vivienda, que les acompaña, como su «ángel de la guarda».
Historias como las de Mateo y Sergio, inmigrantes 'sin papeles' o a la espera de ellos, se multiplican en Castilla y León. Saber exactamente cuántas personas están así en el país, o en la Comunidad, se antoja complicado porque precisamente esquivan los registros y las patrullas a la espera de que su situación se normalice. En 2025, Cruz Roja trabajó con 15.868 personas extranjeras en Castilla y León, pero entre ellas había tanto migrantes con los papeles en orden como en situación irregular. Hasta 1.571 de ellas eran solicitantes de asilo, una demanda que les coloca en una especie de 'pausa' en la que no pueden avanzar, pero tampoco ser expulsados hasta que su expediente se resuelva.
«Es muy difícil dar un dato porque varían mucho», insiste el responsable de Accem Castilla y León, Daniel Duque, que, no obstante, indica dos perfiles fundamentales que se pueden encontrar en lo que se entiende por «situación irregular sobrevenida»: los que llegan en avión y por costa. «A menudo se pone el foco en África, pero la mayor parte de inmigrantes llegan por Barajas, con una autorización de turista de tres meses», refiere. Todos los migrantes se mueven porque «peligra su vida», recuerda Duque –o para «mejorarla», al estilo de «como se emigraba en España en los años 60»–.
Un venezolano, un ucraniano o un maliense ven aceptadas sus solicitudes con mayor facilidad por el «conflicto declarado» en sus países de origen, mientras que las personas procedentes de otros –entre los que están Colombia, Marruecos o Senegal–, pueden ver sus peticiones de asilo denegadas. Se ven así en territorio español, pero sin permiso de residencia ni trabajo, y con el reto de demostrar su «arraigo» para poder quedarse legalmente.
En 2025, Cruz Roja trabajó con 15.868 personas extranjeras en Castilla y León, personas tanto con papeles como en situación irregular
Que los documentos estén en orden es el deseo que ahora, si el anuncio gubernamental de la semana pasada se cumple, se hará realidad para migrantes y familias enteras que llevasen en el país cinco meses cuando comenzó este año. «Las personas en situación irregular de alguna manera tienen que subsistir», pone de relieve la responsable autonómica del programa de refugiados de Cruz Roja, Noelia Chamorro, que sostiene que la ilegalidad de su situación «les limita en trámites y tiene la parte emocional del miedo», lo que les fuerza a optar por «trabajos en la economía sumergida» y a su vez, les deja «desprotegidos y vulnerables ante situaciones de abuso».
De hecho, el último informe sobre inclusión en Castilla y León de la Fundación Foessa de Cáritas cifra, de forma muy reveladora, que la tasa de exclusión entre extranjeros alcanza al 48 por ciento de los mismos. El presidente de Cáritas Castilla y León, Guenther Eduardo Boelhoff, apunta que a los sin papeles, «teniendo una profesión, no les da para dar de comer a sus hijos» porque «no pueden acceder al sistema» ni para trabajar ni para recibir ayudas. «Forman parte de las personas que denominamos invisibles», reseña, dado que las solicitudes tardan en arrojar respuestas y para ellos «se abre un tiempo muy largo en el que la respuesta es 'no' o 'ahora no'».
Por eso, las entidades han recibido los avances sobre una nueva legislación como algo «muy positivo», resume Chamorro, ya que «reconocer derechos fomenta la integración». «Ayuda» tanto por que se «pone orden» como «por dignidad del sistema y de las personas», concuerda Boelhoff. Sin embargo, al tiempo las ONG llaman a la prudencia. «Es muy buena noticia, pero veremos en qué queda el reglamento», desliza Duque, que cuantifica hasta nueve regularizaciones de inmigración, pero ninguna en estos últimos veinte años.
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Nati Villanueva
Duque menciona la importancia de «que se sientan parte de aquí». Pero también existe un impacto positivo para un «enfoque utilitarista», sostiene el responsable de Accem. En un contexto en el que el 12 por ciento de los habitantes de Castilla y León nació en otros países, los trabajadores migrantes ya suponen el 10,4 por ciento del total de su población activa, según el informe más reciente elaborado por el Consejo Económico y Social (CES). Y esto «va a facilitar» que los 'invisibles' se les sumen, «coticen y no trabajen en B, que no es bueno para nadie».
Sergio y Mateo esperan a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Alonso apunta que en Cáritas han recibido «un correo que dice 'calma', no generéis demasiadas expectativas hasta ver qué puede cumplirse». «Van a ser unos meses de presentar solicitudes y esperemos que se dé respuesta a las necesidades que hay», desea el responsable, aunque esperan que sea «un éxito». La esposa de Sergio ha recibido un permiso de residencia y trabajo, pero al padre de familia sólo le han dado el de residencia por un «fallo» que aún no se ha desenredado. Ha tenido que dejar el máster que cursaba: sin permiso, no puede hacer las prácticas. Mateo espera que para cuando acabe el curso pueda inscribirse en una FP de fontanería. «No se sabe nada, falta la letra chica», apunta Sergio. «Y ojalá no lo vayan a hacer negocio, porque hay gente buena, pero también mucha que ve a los inmigrantes como una sacadera de dinero», desconfía, porque además de timos ha conocido «mucho racismo» y reconoce que está «muy desilusionado» con su propio país. Van mejor, pero han vivido «las duras y las maduras» para «salir adelante».
«Los 'sinpapeles' forman parte de las personas que senominamos invisibles», apunta el presidente autonómico de Cáritas
Mateo recuerda aquella noche antes de cambiar de continente, y confiesa que no pudo pegar ojo. Salvando las diferencias, casi podría recordar a aquel Daniel El Mochuelo que escribió Delibes y que, nervioso, dejaba atrás todo lo que conocía para «progresar» en la ciudad. El chico colombiano echa de menos a su familia, pero empieza a hacer algún amigo. Confía en «mejores salidas para el futuro» en Valladolid y le gusta su seguridad, que sea una ciudad en la que poder «caminar sin miedo a que te roben». No escogió este cambio de vida, pero lo está haciendo suyo. Después de todo, «las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así».