Cuarto Singuante
Mi casa
En los tiempos que corren, todas las personas que buscan vivienda son una especie de migrantes inmobiliarios
Cuando E.T. pronunció aquella famosa frase no la planteaba como una preocupación laboral. Ese gesto con el dedo no era de angustia por no tener un plan de vida o por residir donde no quisiera. E.T. era un expatriado (más bien, un 'explanetado'). ... En su mente había morriña, algo que siendo importante solo es una parte del problema que supone residir lejos de casa.
En los tiempos que corren, todas las personas que buscan vivienda son una especie de migrantes inmobiliarios que no encuentran una solución por mucho que levanten el dedo, se entristezcan o protesten; el sistema les dice que lo sigan intentando, pero nada más.
Sin embargo, hay iniciativas que invitan al optimismo. El gobierno de Galicia, por ejemplo, va a lanzar una línea de ayudas para rehabilitar viviendas en el rural, destinadas a personas que trabajen en centros de sus proximidades. Es decir, es un plan para fijar población y que la gente pueda tener un plan de vida.
En la misma línea, esta próxima semana, la Comisión Europea organiza en Bruselas un evento al más alto nivel, denominado «Derecho a residir» en el que se defenderá que todo europeo tiene derecho a vivir y prosperar allí donde considere su hogar, garantizando así que la movilidad sea una opción, no una necesidad.
Pues bien, ahora que los migrantes se han convertido en moneda de cambio (cuentan como votos, aunque eso se disfrace de solidaridad) y que su crisis se ha unido a la de la vivienda y la precariedad laboral, conviene recordar que nosotros, los gallegos, hemos sido uno de los principales pueblos expatriados. Lo tenemos muy presente: somos nietos, hijos y hasta padres de emigrantes.
Lo malo es que, actualmente, esa condición se ha extendido a todas las personas que en España buscan una vivienda. Y en los escaños del congreso —esos sillones que algunos parecen tener en propiedad— sus señorías debaten sin llegar a ningún acuerdo, mientras en la calle la gente señala al cielo en busca de consuelo; no son extraterrestres, pero piensan igual que E.T. y anhelan: «Mi casa…».