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El 'tardeo' se adueña de los mercados de barrio: «Los hijos no quieren seguir en el puesto, es muy sacrificado»

Los bares son una forma de supervivencia y compran su producto a los tenderos que, a falta de relevo generacional y sin gran clientela, temen cerrar sus negocios dentro de pocos años

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Hace décadas que apareció una estudiante en la frutería de Manolo, en el vallecano Mercado de Numancia, y compró dos peras y dos manzanas. Pasaron días y años, un anillo apareció en su anular y su compra habitual se dobló. Después creció la familia y ... pasaron a ser ocho de cada. Pero una mañana volvió, como ya era costumbre, y solo pidió dos peras y dos manzanas. Se había divorciado y, por un momento, Manolo vio de nuevo aquella estudiante en piso compartido. Como la suya, las historias de otros tantos clientes que no han fallado a lo largo de los 41 años que lleva tras el mostrador el negocio que abrió su padre. Pero como él son pocos los que resisten, pues en los mercados de barrio es ya frecuente que bajen las persianas los tenderos de siempre y las suban bares de nueva apertura, que atraen un mayor flujo de clientes.

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