Cuando ir a un Museo es de por sí la terapia de niños TEA
Empower Parents transforma recintos culturales en entornos plenamente inclusivos para los menores quienes viven con esta condición
Madrid
Por increíble que parezca, para Rosa, madre de dos mellizos de siete años, Mateo y Santiago, ambos con autismo, «es la primera vez que como familia vanos juntos a un lugar público como, por ejemplo, un museo». Esta mujer soñaba con este tipo de ... incursiones, pero no se atrevía. Salir juntos a cualquier otro espacio público era algo prácticamente impensable. El miedo que le paralizaba no se debía a la falta de ganas, sino las reacciones del entorno. «El autismo es una discapacidad que no se ve y las personas pueden pensar que los niños son unos maleducados cuando tienen una crisis». Por eso, reconoce, durante mucho tiempo habían desistido.
Hasta que conoció Empower Parents, una organización que impulsa la transformación de museos y espacios culturales en entornos accesibles para personas con autismo y sus familias, y pudo cambiar esa dinámica. «Para nosotros ha sido una especie de bendición», resume esta mujer. Los niños han conocido varios museos ya y ella ha encontrado algo que hasta entonces había echado especialmente en falta: otras familias con las que compartir experiencias sin necesidad de explicar constantemente lo que ocurre. «Hablamos el mismo idioma, en estos encuentros nos desahogamos, nos abrazamos, nos apoyamos...«.
Para Gema Gutiérrez, madre de Álvaro, de cinco años, y de su hermano mayor, Mario, el programa de esta entidad también ha supuesto mucho más que el mero disfrute de una actividad cultural. «Para nosotros este proyecto ha sido todo un acierto», explica. «Álvaro, que tiene TEA y acude a un colegio con aula preferente, se siente muy cómodo y feliz con actividades adaptadas a sus necesidades y para su hermano Mario, las sesiones se han convertido en una oportunidad para expresar sentimientos y emociones a través de la cultura».
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Ellos también llegaron al programa a través de la profesora del aula TEA del colegio de Álvaro. Desde entonces, Gema asegura que han encontrado un espacio de «tiempo de calidad juntos», y algo parecido a una «terapia en familia» en la que pueden disfrutar en un entorno agradable y compartir experiencias con otras familias que viven situaciones similares. Con la diferencia de que, en que, en este caso, el tiempo transcurre a través de las actividades y el juego, en un ambiente en el que las familias sienten que sus necesidades son tenidas en cuenta.
Ambas madres, de hecho, coinciden en una reivindicación: la accesibilidad cultural no puede entenderse únicamente como adaptar un espacio o una actividad. También implica generar las condiciones para que las familias puedan acudir sin sentirse observadas, cuestionadas o juzgadas. «Para las familias con niños TEA hay situaciones muy complicadas en espacios públicos», explica Gema. Por eso considera necesario que estas iniciativas permitan «disfrutar como cualquier otra familia de la cultura sin miradas ni juicios».
Ambas madres coinciden en una reivindicación: la accesibilidad cultural no puede entenderse únicamente como adaptar un espacio o una actividad. También implica generar las condiciones para que las familias puedan acudir sin sentirse observadas, cuestionadas o juzgadas. «Para las familias con niños TEA hay situaciones muy complicadas en espacios públicos. Por eso considero necesario promover este tipo de iniciativas que permiten disfrutar como cualquier otra familia de la cultura sin miradas ni juicios». Las familias neurodivergentes, concluye Rosa, «también somos familias con sentimientos: reímos, lloramos, gritamos, y merecemos visibilidad y accesibilidad en igualdad de condiciones».