No sé si su cuerpo alcanzará la dimensión de su sonrisa. Y eso que es altísima. Casi «como-la-lu-ná... Ay, ay», Donde los mortales alojamos nuestros ojos, ella tiene dos bengalas que lanzan mensajes indescifrables para nosotros, como aquellos fuegos sagrados de los guardianes fenicios de la costa que avisaban a los navegantes y les apartaban de los roquedales.
Nació en Frankfurt, donde sus padres trabajaban, pero a los tres meses la enviaron con sus abuelos a la aldea de Santa Ana, cercana a Jabugo, en plena Sierra de Aracena. Allí, entre castaños, arroyos y abedules, espigó su cuerpo serrano de cinco jotas que hoy balancea, con suavidad de guepardo en sus andares, vestida -o desvestida- de diosa por las pasarelas de todo el mundo. Se la disputan los mejores y actualmente vive en París, por decir un sitio. Aunque sería más exacto explicar que su DNI podría confundirse con una tarjeta de embarque y su dormitorio con el asiento de un avión de pasajeros. Este verano reparte sus vacaciones entre su aldea onubense y las playas de Los Caños y de El Puerto de Santa María, tierra natal de su novio, el Mister España Enrique Miranda.
-¿Su infancia son recuerdos de...?
-De mi abuelo viniendo del campo montado en un burro.
- ¿Cuál fue su mejor verano?
- No sabría decirle, pero seguro que uno de aquellos que pasaba con mis amigos en el pueblo.
- ¿La imagen más tierna que guarda de su niñez?
- La de mi hermano, con unos 4 años más que yo, llevándome a la guardería y cuidando de mí con 3 añillos porque mi madre tenía que trabajar y no paraba.
- Dicen que de usted gustan hasta los andares. ¿Le suena de algo?
- (Risas) Sí, claro, de mis cerdos y mi jamón de jabugo.
- ¿Su cuerpo es de cinco jotas?
- (Risas) Mi cuerpo no, pero mi gusto sí, y en mi casa no entra nada que no sea de cinco jotas.
- Para quienes se criaron, como usted, en los alrededores de Jabugo, ¿llamarle cerdo a alguien también es un insulto?
- Si es de los blanquitos y rosaditos, sí. Si es de los otros, no.
- ¿Algo en París le recuerda a su aldea de la Sierra de Aracena?
- Nada, pero nada en absoluto. Aunque también se acaban echando de menos cosas de allí.
- ¿Come de todo o mejor le pregunto a su pareja?
- Como de todo sin preocuparme.
- ¿Sintió tentaciones de cambiar algo de su cara o del cuerpo?
- No, nunca. Ya veremos cuando empiecen las patas de gallo.
- ¿Qué es lo que más le gusta hacer cuando llega a su pueblo?
- Visitar a mis tíos, a mis primos... y dar un paseo por el campo. Estoy convenciendo a mi padre para comprar un caballo y que me lo cuide cuando estoy fuera.
- ¿Trepaba a los árboles con facilidad...? Se lo digo porque como es tan «mona»...
- (Risas) Sí, y me tiraba a las albercas y a los ríos... Pero ya soy mayor para eso.
- ¿Se impone obligaciones en verano?
- Sólo una: dormir más de la cuenta. A veces pongo como excusa que tengo la tensión baja para que me dejen seguir durmiendo, pero creo que ya me han pillado el truco.
- ¿Abandona su caminar de gacela por la calle o no deja de practicar nunca?
- Si me ve por la calle, ando hasta jorobada. Como era muy alta, siempre me costó coordinar todos los movimientos de mi cuerpo. Mis amigos del colegio me dicen que en clase de gimnasia parecía un pato.
- ¿Tiene previsto algún viaje largo de placer en vacaciones?
- Tengo previsto uno, espero que para final de año, cuando haga frío en Europa.
- ¿Prefiere el campo o la playa?
- Mitad y mitad. A ratitos.
- ¿Se pone más blandita si escucha el rumor de los grillos o el de las olas?
- De las olas.
- ¿Alguna locura de la que se arrepienta?
- Ninguna.
- ¿Se tuesta en estas fechas o se lo tienen prohibido por contrato?
- Me lo tienen prohibido por contrato, pero lo hago. Luego me toca hacerme «peelings» y cambiar de piel antes de los desfiles. De todos modos, no se me pega mucho el sol.
- ¿Alguna otra contraindicación?
- Lo kilos, pero yo me cuido. Aunque este verano no he pisado el gimnasio, bailo mucho todas las noches el «Aserejé».
- ¿Le da gusto al cuerpo o se contiene mucho por exigencias de su profesión?
- Le doy gusto al cuerpo sin piedad. (Risas) Si es que yo estoy en esta profesión por error, eso seguro. ¡Quién me mandaría a mí...! Con lo bien que yo estaba en la Escuela de Veterinaria de Córdoba... (risas).
- ¿Recuerda su primer beso?
- Sí, eso nunca se olvida.
- ¿Su primera vez aparecerá en sus memorias o mejor olvidarla?
- (Risas) Aparecerá en mis memorias. Fue simpática, como para contarla.
- ¿Qué canción le pone el cuerpo a tono en este tiempo?
- «Envidio», una canción que canta Valderrama con Ana Belén.
- ¿Y qué anda leyendo este verano?
- «La canción de Dorotea», de Rosa Regás.
- ¿Su desnudez le recuerda algún paisaje?
- Mi Sierra de Aracena, por los huesos de las costillas, que ahora mismo se me notan como si fueran las piedras de aquellos montes.
- ¿Su postura preferida es mirando al cielo o a la arena?
- Si es para dormir, prefiero mirar a la arena.