Me ha citado en el Marbella Club «porque sé que te gusta usarlo como símbolo de lo que significa esta ciudad, de su arquitectura y de su estilo de vida» y antes de sentarnos en torno a un café hemos dado un breve paseo por los jardines de rosales y buganvillas. «Ya ves, esta maravilla es el pueblo de pescadores, jeje», ironiza aludiendo a la frase con que Jesús Gil suele descalificar a la Marbella de antes de su llegada. Me pide que no lo cite por su nombre -«si acaso di que soy un profesional de los negocios, y que trabajo en el sector turístico e inmobiliario»- porque, aunque cada vez son más los que se expresan en voz alta, la ciudad sigue siendo un núcleo cerrado en el que los negocios se evaporan si alguien disiente de la doctrina oficial del gilismo. «Puedes usar todo lo que te diga, pero la única condición que te pongo es que seas objetivo; que reflejes lo que te voy a contar sobre Marbella aunque no te encaje en tu visión personal. Porque es que a veces, la imagen negativa de Gil ha aplastado las bondades de esta ciudad, y en los medios sólo salen noticias de corrupción o payasos de esos de la prensa rosa. En ese sentido, Gil y los suyos no saben el daño que hacen a la proyección de Marbella, aunque sea cierto que también han hecho cosas importantes y que han transformado la ciudad. Para bien y para mal».
«Mira, la sensación es la de que se ha acabado un ciclo, y eso crea una incertidumbre muy negativa. Nadie sabe cómo va a ser el gilismo sin Gil, lo más probable es que se descomponga, pero no está nada claro qué va a pasar después. Sobre todo porque habrá un Ayuntamiento atomizado, y si los grandes partidos, sobre todo PP y PSOE, no se ponen de acuerdo y logran que el Gobierno y la Junta comprometan inversiones, esto va a ser un caos y la gente va a volver a llamar a Gil a gritos. No te olvides cómo estaba Marbella cuando llegó».
«Porque lo que no se puede negar es que el gilismo enderezó esta ciudad. Muchos lo apoyamos, y a mí no me importa decirlo, porque trajo seguridad y eficacia. Sí, sí, ya sé cuál ha sido el precio de la eficacia, pero entonces no lo sabíamos y creíamos que venía a traer un proyecto de gestión privada muy ágil, que no tenía por qué ser corrupta. Amén de que, todos modos, la corrupción ya estaba instalada antes de que él llegara. Él se limitó a cambiar la dirección de los beneficios». «Convendrás en que nadie bien nacido puede negar que ésta es una ciudad limpia y segura. Esa ha sido un arma de convicción fundamental entre la ciudadanía. La gente, y más en un sitio como éste, donde se viene a estar tranquilo y las cosas cuestan mucho dinero, quiere seguridad, y el gilismo la ha garantizado. Hay 500 policías locales, para cien mil habitantes, más los 200 agentes nacionales de la zona. Es verdad que ha habido alta delincuencia, crímenes mafiosos, porque el modelo de ciudad ha sido equivocado, y Gil ha alentado una política de no mirarle a nadie el origen del dinero y de recibir a todo el mundo con los brazos abiertos si aquí no delinquía. Pero a la gente de a pie lo que le importa es el tirón del bolso, el atraco en el coche o en la casa, y eso lo quitó de raíz. Y además, hace diez años que no ves un papel en el suelo en Marbella.»
«Luego está la prosperidad. A ti te parece que el desarrollo urbanístico ha sido salvaje, y lo ha sido; ése es el gran talón de Aquiles que ha hipotecado la ciudad. Como Gil tenía intereses inmobiliarios, más los que ha ido creando y tejiendo a su alrededor, ha provocado un crecimiento desordenado que ha acabado comprometiendo la propia escala de Marbella: ahora mismo la ciudad no tiene ni servicios ni infraestructuras para los habitantes que soporta, sobre todo en verano. Pero no te olvides que esa actividad, ese desenfreno constructivo, ha generado muchísimo empleo, no sólo plusvalías. Y si miras los votos de Gil, la mayoría está en los barrios populares, donde viven los trabajadores que han ganado un dinero impensable en los últimos años.»
«De modo que ya tienes la ecuación: seguridad, limpieza, bienestar y empleo. Mucho dinero corriendo a espuertas por la ciudad. Eso ha sostenido el gilismo contra todas las evidencias de corrupción, y no te digo que no lo vaya a seguir sosteniendo. Si no hubiera sido por los tribunales, en los que tarde o temprano iba a acabar tropezando, había Gil para rato, te lo digo yo. Y porque le dio el sueño megalómano de Ceuta y Melilla, cuando vio que se acababa el terreno para especular en la Costa del Sol. El gilismo es puro aventurerismo político, que ha vivido de las carencias de la política convencional, pero ha acabado mal, como no podía ser de otra manera. Dime una cosa: ¿por qué los partidos convencionales no pueden proporcionar seguridad a los ciudadanos? ¿Por qué en otras ciudades cuesta tanto obtener una licencia de obras? Respóndete y sabrás por qué llevamos diez años de Gil en Marbella, clientelismos aparte. Tengo que irme y no hemos hablado del gilismo sin Gil... ¿quedamos mañana?».