El euro ha vuelto a alcanzar la paridad con el dólar. Y lo ha hecho más por los males ajenos que por méritos propios. Algo similar a lo que propició el anterior «uno por uno» en el pasado mes de julio. Y aunque a ninguna de las dos monedas les ampara la marcha de sus economías, en la UE no se arropa al euro con políticas de futuro cohesionadas y coherentes. La renuncia a los planes de Estabilidad, las constantes rebajas en las previsiones de crecimiento de las economias de la Unión, y la falta de un apoyo decidido por el Banco Central Europeo hacen que el euro flote a merced de un mercado, que no siempre busca la paridad más idónea para Europa. Y es verdad que el dólar cae aquejado también por males sin cuento: agotamiento en el crecimiento del PIB de EE. UU.,la fuerte caída del indicador de confianza de los consumidores, o el mal dato del paro, que este viernes se conocía. Pero a estos argumentos, se une la apuesta de la Administración Bush por un dólar menos fuerte, que ayude a la recuperación de su economía. En esta línea va la esperada bajada de tipos por la Reserva Federal para este miercoles, que agranda el diferencial entre los tipos USA y los de la eurozona y que reforzará esta programada debilidad del dólar.
En el lado de las consecuencias positivas del repunte del euro se apunta que su fortaleza ayudará a embridar una recalcitrante inflación en los paises de la UE. En el negativo, un encarecimiento de las exportaciones europeas en un momento de gran debilidad de su economía.
En todo caso, estos pequeños triunfos, pasajeros dicen, le sentarán bien a un desasistido euro.