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La calle y el Ebro

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«La calle es de todos», acaba de decir Eduardo Zaplana. Se refería sin duda a la manifestación que pedía el agua que le sobra al Ebro, ahora se ha visto dramáticamente claro, y que algunos aragoneses y otros cuantos catalanes quieren echarla al Mediterráneo por Tortosa. Quieren que el Ebro sea todo suyo, para disfrutarlo o para matarlo, es decir, para llevarlo a la mar, que es el morir. También Zaplana podría haber dicho que el Ebro es de todos.

Fraga jamás dijo eso de «la calle es mía», pero le colgaron ese cartelito al cuello de ministro de la Gobernación, y ahora ya no hay manera de quitarle el sambenito. Ayer he visto que Umbral le hace responsable de habernos dejado en nuestra juventud sin las piernas de Gilda, pero cuando aquí estrenaron aquella película, Fraga no estaba en la oposición a Gilda, sino en las oposiciones, que por cierto las ganaba todas, y además le quedaba tiempo para ver Gilda. Fue exactamente al revés. Cuando Fraga llegó al Ministerio de Información, empezaron abrirse puertas y ventanas. Y César González-Ruano celebró así la mitigación de la censura: «Con Fraga, hasta la braga».

Los que mayormente aspiran a que la calle sea suya son los rojelios, que siempre quieren ganar en la calle lo que pierden en las urnas. A eso, le llaman «movilización», o sea, los pacifistas. De esa manera han logrado que la calle no sea de todos, como ha dicho Zaplana, expresando un deseo más que un diagnóstico. Realmente, la calle es de los que salimos poco, porque los que salen mucho a la calle siempre se la encuentran ocupada. Y es que el derecho que con mayor frecuencia ejercen los españoles es el derecho de manifestación. «¿Y ustedes, qué piden?», se les pregunta a los manifestantes. «¿No sé, pero lo que pedimos, que nos lo den, ¡YA!?». Lo más importante de las manifestaciones es que lo que se pida lo den ¡YA!

Bueno, pues yo me manifiesto y digo que el Plan Hidrológico Nacional nos lo den ¡YA! Como sigamos así, el Plan Hidrológico se va a quedar tan viejo como se le quedó a Indalecio Prieto el proyecto de los Nuevos Ministerios, que lo tuvo que hacer Franco. Por cierto, que nadie se percató que los edificios de los nuevos ministerios forman la figura de la hoz y el martillo, que seguramente el arquitecto que hizo el proyecto era de la famélica legión, de la famélica legión de los arquitectos, o sea, Moneo y todos esos.

El proyecto del PHN es tan viejo que ni siquiera lo preparó Jaume Matas, que ya no es ministro, sino su antecesora en el Ministerio, Isabel Tocino. Nadie ha tenido que contarme esa historia, porque el PHN lo tuve yo en mis pecadoras manos antes de que Isabel Tocino abandonara el Ministerio para dejarlo en manos de Jaume Matas, y ahora regresa a manos femeninas. Total, que Matas es un paréntesis entre Isabel Tocino, que hizo el Plan, y Elvira Rodríguez, que lo empezará a realizar, Dios mediante, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide. Por otra parte, creo que donde hay que ganar el agua del Ebro no es en la calle, sino en el Ministerio de Hacienda. ¡YA!

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