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Mapa de petardos

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El traído y llevado referéndum sobre la autodeterminación se ha quedado en eso que hace años decía Arzallus: en un referéndum para cultivar berzas. ¿Qué quieren los vascos que cultivemos, coles o lechugas? Ahora sale el poseído diciendo que en el PNV nadie ha hablado de referéndum. O sea, que eso del referéndum es una serpiente de verano que se ha inventado Aznar para distraer al gentío de otros problemas graves que tiene el Gobierno, uno de los cuales será, digo yo, lograr que se calle Celia Villalobos y que deje escuchar el concierto. A lo mejor, de lo que Ibarreche quería hablar al Rey es de la crisis del Athletic de Bilbao, que parece dejado de la mano de san Mamés. El Athletic se ha propuesto salir adelante en este zoco de esclavos millonarios con su fútbol sin «k» (Kubala, Kocsis, Puskas, Kopa) que decía López de la Torre.

Con referéndum o sin referéndum, lo cierto es que no salimos del pim-pam-pam. A esa chica, Olalla (u Olaia) Castresana, guapa, ¿oyes?, qué pena, le estalla la bomba entre las manos en Torrevieja. Los artificieros explosionan un coche bomba en el aeropuerto de Málaga, cargado con sesenta kilos de explosivo, y se libran de una trampa especialmente preparada para ellos. En Vitoria, estalla un artefacto en la casa de un teniente, y afortunadamente no produce víctimas. En Barcelona, los etarras o unos imitadores han destrozado con otro artefacto una sucursal de la Caixa. España parece un mapa sembrado de petardos, como si alguien quisiera convertir las parameras, los pedregales y los oasis del litoral en un campo de minas. Nunca se sabe dónde estallará el próximo petardo, y si irá contra los turistas, contra los banqueros, contra los concejales o contra los guardias civiles.

No estaría mal que Ibarreche nos explicara las medidas prioritarias que ha tomado el Gobierno vasco para prevenir y reprimir este oleaje de petardos que han convertido España en un pim-pam-pum de la feria nacionalista. Porque lo malo de hacer las declaraciones públicas que ha hecho el lehendakari, y bienvenidas sean, por supuesto, es que ahora todos estamos esperando a ver en qué consisten esas medidas prioritarias para acabar con la violencia y asegurar el ejercicio de las libertades individuales en las tierras de Euskalherría. Porque si la prioridad consiste en que los etarras sigan haciendo de las suyas mientras se mantiene el pacto de Lizarra, la libertad individual más importante que le quedará a los vascos no nacionalistas es la de irse a vivir al país limítrofe, y convivir allí con ese pueblo «perezoso y blasfemo» que habita Castilla.

La bomba que tan oportunamente estalló en Torrevieja y ese obsequio cargado de explosivos que los etarras dejaron en el aeropuerto malagueño estaban destinados a desalentar al turismo, que vierte en España la catarata mayor de Europa. Claro está que eso es como querer detener el Amazonas con un tablacho de riego. Pero la intención también está clara. Lo que tendría que hacer Arzalluz para que creamos un poco en esa declaración de la «prioridad», es pedir que no agiten más el árbol, que ya no quiere más nueces y que la banda etarra deje de «arrear», porque la negociación la va a llevar como Dios manda, o sea, hablando y no matando. Esa debiera ser la primera medida para demostrar que, efectivamente, la prioridad del Gobierno vasco es la de luchar contra la violencia y asegurar el disfrute de las libertades. Mientras el nacionalismo vasco llamado democrático esté jugando a los dos paños, a la democracia, por un lado, y al asesinato, por el otro, el problema vasco no será «ETA». El problema vasco estará en quien cree que necesita a «ETA» para lograr sus objetivos, y con una mano indica «basta» y con la otra anima «hala».

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