El laicismo es una corriente de pensamiento que, entre otras finalidades, persigue recluir el ámbito privado la enseñanza de la región.
De esta manera los defensores de la escuela laica propugnan «un modelo educativo sin dogmas y sin verdades absolutas y excluyentes, que educa al alumnado en valores humanistas universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en asunción de la diferencia y en los valores constitucionales, éticos, no sexistas y democráticos».
En otras palabras, la propuesta laicista promueve un moralismo basado en los valores cristianos, pero rebajado en las exigencias que plantea el cristianismo, aferrado a la inmanencia de las leyes sociales y psicológicas y con la idea de trascendencia clausurada.
En la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha hay algunos colectivos que han desenterrado «el hacha de guerra laicista» para combatir la inclusión, por parte del Ministerio de Educación, de la asignatura: «Sociedad, cultura y religión» en los currículum de las diferentes etapas educativas.
Los argumentos esgrimidos para la batalla dialéctica son difícilmente sostenibles, ya que mezclan «churras con merinas», sobre todo porque pretenden combatir el dogmatismo religioso con otro dogmatismo, en este caso laico y moralizante, carente de fundamento antropológico serio.
Para los defensores de la escuela laica la religión tan sólo es un «corpus doctrinal» que provoca un mero sentimiento subjetivo privado de validez científica.
Los laicistas están presos de su obsesión racionalizadora de la realidad, de manera que las preguntas fundamentales del ser humano (¿Qué es el hombre? ¿Puedo conocer a Dios? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?, etc) se les escapan de las manos y, por lo tanto, las suprimen mediante la construcción de «un mundo feliz» de autómatas que profesan una religión laica, moralista y plagada de nihilismo que asfixia la creatividad humana.
Así, la concepción antropológica laicista suprime la dimensión espiritual humana, confundiéndola con un mero «epifenómeno» sociológico o psicológico.
La falta de sentido es la patología más generalizada en nuestra sociedad occidental, el laicismo con su «olvido del ser» constituye un atentado contra la dignidad humana.