Pandemia de noticias falsas
El caso de la militar estadounidense Maatje Benassi, a la que se señaló como paciente cero del Covid-19, ejemplifica el modo en que medios financiados por Irán, Rusia y China vienen afanándose en fabricar bulos contra EE.UU. y el resto de países occidentales
Cuando a finales de marzo la pandemia de coronavirus avanzaba ya descontrolada de oriente a occidente, con más de 20.000 muertos en su haber, científicos y gobernantes de todo el mundo se preguntaban cuál era el origen de este destructivo virus que había ... comenzado a emerger en la ciudad china de Wuhan a finales de 2019. Aquel mismo marzo, agónico mes de cierres de fronteras y cuarentenas, un medio en español hizo una escandalosa revelación: «Un atleta militar estadounidense, Maatje Benassi, piloto diplomático armado y ciclista que estuvo en Wuhan en la fecha para la competencia de ciclismo en los Juegos Mundiales Militares, podría haber sido el paciente cero de Covid-19 en Wuhan». Este ejemplo representa como pocos otros el grave problema de la desinformación en español en el mundo, creada y distribuida por regímenes autoritarios enemigos de la democracia.
El titular de la nota es «¿Delegación deportiva militar de Estados Unidos propagó Covid-19 en Wuhan?», y fue una de las noticias más destacadas y compartidas en redes del medio en español iraní Hispan TV. La fuente de esa información era un periodista estadounidense, de nombre George Webb, quien antes había revelado en varios vídeos con cientos de miles de vistas que aquí en la capital de EE.UU. hay un laboratorio militar que es, según él dijo, «el principal centro del programa de armas biológicas del Comando Médico del Ejército de Estados Unidos» y que «en esas instalaciones se estudiaba material infeccioso mortal , como el virus del ébola y la enfermedad de la viruela, pero fue clausurado abruptamente en agosto de 2019».
Atando cabos, para Webb y para ese medio en español que le citaba había una sucesión de hechos muy alarmante. Del 18 al 27 de octubre de 2019 se celebraron en la ciudad china de Wuhan unos torneos olímpicos militares en los que participó EE.UU.. En la carrera ciclista de las 50 millas sí tomó parte Maatje Benassi , una mujer reservista del Cuerpo de Infantería norteamericano.
Según detalló el periodista Webb en un vídeo, al final de la carrera de las 50 millas, Benassi sufrió un vahído, con lo que podían parecer síntomas de coronavirus: fatiga, ahogamiento, sudoración. Algo extraño le pasó a ella y al resto del pelotón de EE.UU., porque quedaron 40 en la calificación, una marca mucho peor de lo habitual. Varios de esos soldados habían estado antes, según reveló Webb, en Fort Detrick, una base militar en la capital de EE.UU. donde habría un laboratorio en el que se habían hecho pruebas con virus y bacterias mortíferos, como el ébola o el carbunco. Mucho más sospechoso, según Webb, es que Benassi es hermana del famoso disc jockey de música electrónica Benny Benassi, que después contrajo el virus.
Todo apunta, según revelaba Webb, a que el virus emergió en Washington, o cerca de él. De hecho en uno de sus vídeos, Webb revelaba que el 30 de junio se había declarado en Fairfax, una localidad a las afueras de Washington, un brote de una extraña enfermedad pulmonar que nunca quedó explicada. Más de 60 ancianos en una residencia debieron ser tratados por tos, fiebre y hasta pulmonía, síntomas sospechosamente similares a los del coronavirus. Murieron tres personas. Fairfax no está lejos ni del Pentágono ni de Fort Detrick. ¿Habían hallado Webb y ese medio en español el origen de la pandemia?
Partes de esta preocupante línea temporal fueron compartidas en las redes sociales chinas, de allí pasaron a medios oficiales comunistas como «The Global Times», desde donde los compartieron diplomáticos del régimen como Zhao Lijian, subdirector del Departamento de Información del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
Pronto saltó a otros medios chinos y de otros países, en inglés y español, como es el caso de la nota mencionada al principio. Según dice esta, «los ciudadanos chinos han estado pidiendo al país norteamericano analizar a Benassi para Covid-19 y divulgar la información sobre la delegación estadounidense, debido a que aún no se han proporcionado pruebas muy sólidas».
Desestabilizar a los adversarios
Esta crónica es un ejercicio clarísimo de desinformación estatal, con todos los elementos para ser considerada una noticia falsa de manual. No es de extrañar, porque el medio que la publica, Hispan TV, es el gran vehículo de manipulación informativa de la República Islámica de Irán, una teocracia que colabora estrechamente con Rusia, Venezuela y otros regímenes autoritarios en una gran campaña internacional de propaganda destinada a desestabilizar a sus adversarios geoestratéticos, en especial a EE.UU., pero también a Europa y sus instituciones, como la Unión Europea y la OTAN. (Durante años, Hispan TV le pagó a Pablo Iglesias, actual vicepresidente del Gobierno español, por producir su programa Fort Apache).
El problema de la desinformación ya era grave antes de que se declarara la pandemia de coronavirus, pero durante esta ha quedado patente que es un método plenamente asimilado por regímenes autoritarios para hostigar a sus adversarios. En especial, durante esta crisis sanitaria mundial China ha dado muestras de que ha adaptado los mismos métodos antes probados por Rusia: noticias manipuladas o falsas, difundidas por medios creados en varios idiomas para su difusión y la manipulación de las plataformas digitales para amplificar esos mensajes.
Además, como se ha visto con el ejemplo inicial, los intereses de esos diversos regímenes autoritarios se han alineado , de una forma más o menos consciente, en una gran estrategia de difusión de desinformación ciertamente peligrosa en el contexto de una enfermedad epidémica que se ha cobrado hasta la fecha la vida de más de 1,5 millones de personas.
El asunto es tan preocupante aquí en Washington que la propia diplomacia norteamericana ha designado a su propia enviada especial para esta crisis, Lea Gabrielle, coordinadora del Centro de Participación Global. Según denunció públicamente en el primer pico de la crisis, «si bien Rusia y China presentan las mayores amenazas de desinformación y propaganda a nivel mundial, en América Latina también hemos visto al antiguo régimen de Maduro en Venezuela, el Gobierno cubano e Irán a través de sus plataformas en español, todos intentan difundir desinformación ». El objetivo de esos regímenes, desde ese punto de vista, es coordinar en sus estrategias de distribución de teorías conspirativas para atacar, como se ha visto, a EE.UU. entre otros.
No se trata solo de una suposición del Gobierno norteamericano. Esa misma teoría de que el coronavirus es un arma biológica diseñada y llevada a China por EE.UU. ha salido a pasear en cientos, si no miles, de noticias de medios en español y otros idiomas financiados por todos esos regímenes autoritarios o dictatoriales. Por ejemplo, el medio ruso Sputnik: «Científicos: el coronavirus sería un arma de guerra biológica» o «¿El coronavirus, un arma caída del cielo para EE.UU. en su lucha contra China?». El iraní Hispan TV: «EE.UU. liberó su arma biológica, el Covid-19, para dominar al mundo», «EE.UU. ha producido el coronavirus en sus laboratorios secretos», «Covid-19, arma de EE.UU. o Israel para dañar a China e Irán». Y la venezolana Telesur: «Laboratorios biológicos de Estados Unidos: ¿Una nueva era de control mundial?».
No importa cómo estén escritas estas noticias -normalmente mal- ni la calidad del supuesto periodismo que ejercen. La estrategia es tener esos titulares para que cobren vida en redes sociales como Twitter y Facebook y se compartan en servicios de mensajería como WhatsApp. Y como han denunciado los organismos internacionales, Iberoamérica es, por su magnitud y mayor lengua compartida, objeto de uno de los más graves ataques de desinformación nunca registrados. En un comunicado conjunto en marzo, Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa alertaron de que «la información falsa sobre la pandemia podría provocar preocupaciones en materia de salud, pánico y desorden. En este sentido, es esencial que los gobiernos y las empresas de internet aborden la desinformación por sí mismos en primer lugar proporcionando información fiable».
«Desviar la culpa»
Sin embargo, esa recomendación ha resultado insuficiente, vista la gran cantidad de noticias falsas y desinformación relacionadas con la vacuna para el virus, que ahora comienza a llegar. Estos medios propagandísticos se nutren de las dudas, de las medias verdades, de las zonas grises. Por volver a la nota del medio iraní, «¿Delegación deportiva militar de Estados Unidos propagó Covid-19 en Wuhan?» , lo cierto es que sí existieron unas olimpiadas militares en Wuhan a las que acudió el equipo estadounidense, en el que sí participó Maatje Benassi, quien sí padeció una fractura en su carrera ciclista. Benassi, sin embargo, no es hermana del disc jockey del mismo apellido, ni padeció coronavirus en Wuhan. Simplemente padeció un accidente y se fracturó una costilla, aunque siguió corriendo y llegó a la meta. Lo publicado por Webb es mentira. Hay algunos hechos en aquella nota que son reales, el problema es que se utilizan para llegar a conclusiones completamente exageradas y equivocadas por medio de opiniones maliciosas y del uso de unas fuentes que no tienen autoridad alguna. Esa es la estructura de un problema de primera magnitud para las democracias contemporáneas.
Según Thomas Rid, uno de los mayores expertos en desinformación, actor del libro sobre el asunto «Active measures» y profesor en la prestigiosa universidad de Johns Hopkins en Washington, «especialmente en el contexto de la crisis del Covid-19, la palabra desinformación es complicada. En primer lugar, circula información genuinamente incorrecta que alguna vez se creyó que era cierta. Ha sido difícil ajustar nuestro conocimiento y respuesta a una situación cambiante. El conocimiento obsoleto que ha sido desacreditado por pruebas nuevas no es desinformación. Sin embargo, sí se ha extendido la desinformación en forma de campañas de influencia de gobiernos extranjeros. Otros gobiernos están tratando de explotar el miedo y la incertidumbre para hacer que sus adversarios se vean mal o para desviar la culpa y la presión de ellos mismos».