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Los datos oficiales, muy distintos a la realidad de la jornada electoral afgana

La comisión sorprende con unos datos de participación que superan a las elecciones presidenciales

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Los datos oficiales, muy distintos a la realidad de la jornada electoral afgana

MIKEL AYESTARAN

“¡Sal de aquí extranjero, no tienes derecho a pisar una mezquita!” De nada sirve la acreditación electoral o el permiso de la Policía y el personal de la Comisión Electoral Independiente, un grupo de interventores electorales de Karte Nao, zona pastún del este de la capital, se opone a la entrada de “infieles” en su templo reconvertido en centro de voto porque “así lo ha pedido el mulá”. Sentados sobre la alfombra de oración su labor se limita a observar el voto de los ciudadanos que acuden con cuentagotas. El lado dedicado a las mujeres está semivacío, como las urnas destinadas a las papeletas.

Afganistán ha votado su nuevo parlamento en una jornada marcada por la amenaza talibán –en vísperas de la apertura de urnas los insurgentes secuestraron a dos candidatos y dieciocho operarios del órgano electoral-, que causó al menos dieciséis muertos y cuarenta heridos en incidentes repartidos por todo el país. Un portavoz insurgente aseguró que habían logrado lanzar ataques contra 150 centros en todo Afganistán, pero las autoridades mantuvieron un discurso optimista asegurando que fue “una jornada segura en líneas generales”. Una línea positiva que, aunque la sensación en las calles era diferente, culminó con unos datos oficiales de participación de un cuarenta por ciento , dos puntos por encima de las presidenciales de 2009. Unos datos obtenidos por estimación.

Esta mañana, Kabul amaneció con una fuerte explosión que se produjo pocos minutos antes de la apertura de los centros electorales a las siete de la mañana, cuatro y media hora de España. Un ataque con cohete que no provocó víctimas y que fue el único acto violento registrado en una capital blindada por Policía y Ejército. El presidente Hamid Karzai acudió temprano a su cita con las urnas y pidió a los ciudadanos que votaran para “llevar al país hacia un futuro mejor”. Su mensaje no pareció calar en el electorado que con el paso de las horas fue desapareciendo de los centros de voto. “Hay más interventores que votantes, la gente que viene está confundida con semejante lista de candidatos”, era el comentario general en cada colegio y mezquita.

Más de seiscientos candidatos competían por los 33 asientos de Kabul y tenían gente repartida por toda la capital. “Nos pagan una media de 1.000 afganis, diecisiete euros al cambio, nos dan comida y tarjetas de teléfono, no está nada mal”, reconocía Waled Yousufi, estudiante de veinte años que observaba el proceso para la lista de Abdul Rasul Sayyaf. Al preguntarle sobre los informes de derechos humanos que acusan a su candidato de ser un “criminal de guerra” se encoje de hombros y afirma que “todos los comandantes están ahora en política, lo que nos interesa es su dinero, no sus armas o su pasado”. Otros interventores confesaban estar allí “por voluntad propia”.

«Un milagro» de elecciones

Al cierre de los colegios la Comisión Electoral Independiente ha ofrecido los primeros datos que situaban la participación al mediodía en un 32 por ciento, más adelante ofreció unos datos definitivos que la fijaron en un cuarenta por ciento. Los primeros resultados oficiales se esperan para el miércoles, pero los definitivos podrían demorarse hasta finales de octubre.

Los primeros resultados se esperan para el miércoles pero los definitivos podrían demorarse hasta octubre

Hablar de estadísticas en el caso afgano resulta confuso debido a la falta de control sobre el proceso en la mayor parte de un territorio que “es un país en guerra claramente donde es un milagro que se puedan realizar elecciones en estas condiciones”, confesó el máximo responsable de Naciones Unida en el país, Staffan de Mistura, durante su visita a la escuela Habibia, uno de los centros más importantes de la capital. Si el proceso en Kabul tuvo cierta semejanza con lo que Occidente conoce por unas elecciones, en la mayor parte de provincias del sur parece un agujero negro del que poco o nada se conoce lejos de las noticias de las agencias locales que hablan de una participación anecdótica.

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Con el paso de las horas comenzaron a difundirse también las primeras noticias sobre posibles irregularidades. La nueva tinta indeleble no resultó de la calidad esperada y se demostró que podía limpiarse de forma no muy complicada usando cloro, lo que permitía a cualquier ciudadano repetir su voto . Cientos de tarjetas de identidad falsas fueron confiscadas por los agentes electorales, pero la llegada de documentos desde Pakistán fue masiva y resulta imposible calcular la dimensión de su efecto.

La jornada festiva en todo el país mostró la cara de un Kabul silencioso, con las paredes del color gris de las persianas metálicas de los comercios y un cielo despejado, libre de polución, ideal para hacer volar cometas. La abstención fue la opción de buena parte de la ciudadanía que, ni por culpa del miedo o la amenaza de fraude, decidieron no votar porque han dejado de creer en una democracia tan joven como exhausta.

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