homenaje
El chico que tamborileaba con sus dedos la barra del bar
Se cumplen 30 años de la muerte de Pedro Antonio Díaz, batería de Los Secretos. Sus compañeros y su ciudad natal le rinden un sincero homenaje con un concierto acústico
Pedro Antonio Díaz se incorporaba a la banda madrileña Tos (después renombrada como Los Secretos) en el año 1980 en un momento convulso: sustituía al anterior batería, Canito, quien había muerto en la Nochevieja del 79 en un accidente de tráfico. A su alrededor la denominada «Movida madrileña» empieza a dar sus primeros coletazos y un torrente de creatividad y originalidad inunda el panorama musical de la época. Así, los tres hermanos Urquijo (Javier, Enrique y Álvaro) y Pedro Antonio Díaz empiezan a componer temas que incluso se convierten en lemas para una generación como «Déjame» (1981) o «Todo sigue igual» (1982).
Pedro Antonio Díaz seguía parando en Guadalajara, donde vivía (y vive) gran parte de su familia. Hay quienes le recuerdan tomando un café con una mano y golpeando insistentemente con las yemas de los dedos de la otra la barra, como si no dejase de componer ritmos en su cabeza (además de batería, era compositor y cantante).
Sin embargo, la mala suerte volvía a cernirse sobre el grupo y Pedro Antonio Díaz fallecía también en un accidente de tráfico el 12 de mayo de 1984. Se dirigía desde Guadalajara a sus ensayos con Los Secretos en Madrid, y su coche sufría el percance en la A2. El grupo se volvía a quedar huérfano a la batería y cerraba de nuevo un ciclo, a apenas cuatro años después de haberlo abierto.
30 años después
Ahora se cumple el 30 aniversario de aquel fatídico día y el Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara junto al grupo Escarcha –formación que impulsó Díaz junto a su hermano y Raúl Heranz– le volverán a rendir homenaje. Así, el Espacio TYCE llevará su nombre desde el próximo 8 de mayo –el auditorio del Barranco del Alamín ya fue bautizado como Pedro Antonio Díaz en el vigésimo quinto aniversario– y la actual formación de Los Secretos ofrecerá un concierto acústico desde las 20.30 horas (las entradas ya se pueden adquirir por 10 euros en el Buero Vallejo). Un día para recordar a aquel chico que no paraba de tamborilear sus dedos contra la barra del bar, en busca de la melodía perfecta.

