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Perdigones de plata

Amigachos

Colocar al próximo en un cargo rutilante cuando detentas mando en plaza casi supone un alarde reglamentario perfectamente instaurado

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Ramón Palomar: Amigachos
Ramón Palomar

Caminas absorto en tus bagatelas y estalla ese momento penoso en el cual te saluda alguien empleando destartalada alegría. La confusión te inunda y entonces suelta: «¿No me recuerdas? Íbamos juntos a la misma clase...». Si un alien escupiese su corrosiva sangre contra tu faz ... no te sentirías peor. Enchufas el disco duro y exprimes tu memoria para salir del atolladero, pero nada. Mi peor respuesta fue: «¿Qué clase? ¿La del instituto, la de la facultad o la de aquella academia de inglés a la que me apuntaron a traición mis padres?». El tipo de aquella vez se marchó indignado. Lo de los ofendiditos no es de ahora, viene de lejos.

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