Cervantes y Mank
Qué gusto escuchar a Gary Oldman/Mank explicar El Quijote. Mank, a su manera, ejerció de Quijote entre tanto cartón piedra
La fábrica de los sueños mimaba a sus mejores ahijados. Los amamantaban a base de oro, dos o tres de los grandes a la semana, elevándolos así a categoría de elegidos para la gloria. Compraron su talento y, a cambio de mísera calderilla, los mortales ... de platea y gaseosa recibimos celuloide corrosivo e inolvidable plagado de pasiones, ambiciones, amores, traiciones y resto de vitaminas que nutren la materia de nuestros sueños.
Sólo aquella pléyade de guionistas, los alquimistas de la palabra, los que dominaban los jugos gástricos del diálogo, los que hilvanaban el sentido del ritmo, los genuinos sicarios del sarcasmo, podían permitirse el lujo de chulear al jefe y escapar impunes del trance. Bebían como si no existiese un mañana, fumaban como carreteros y apostaban con la furia del kamikaze y el rencor del que sabe que ha prostituido sus mejores años porque, en fin, todos tenemos un precio. No me importa si el «Mank» de David Fincher recrea fielmente las andanzas del guionista durante aquellos tiempos broncos de hombres que actuaban como cimarrones mientras se enamoraban de mujeres fatales empapadas de misterios sangrientos. Me seduce el perfume que mana de la película y se me antoja un puntazo que el director ponga en la boca de Mank, varias veces, a Cervantes, Quijote, Dulcinea y Sancho. Justo cuando por aquí vapulean nuestro idioma, uno de los cineastas con mayor prestigio recurre al Quijote acaso porque entendió que Cervantes fue el Mank de su época. Sin El Quijote nada sería igual y, a lo mejor, «Ciudadano Kane» se habría escrito de otra manera. Manda huevos que, frente al desprecio que sufren nuestros clásicos por parte de la estulticia de los habituales, aterrice otro niño bonito de Hollywood para vindicar la universal novela. Y qué gusto escuchar a Gary Oldman/Mank, en fase de borracho que se bebe hasta el agua de los floreros como no le sirvan otra copa, explicar El Quijote. Mank, a su manera, ejerció de Quijote entre tanto cartón piedra.