Mamá, me he hecho conservador
La izquierda está descubriendo que las rebeldías no se heredan porque cada generación necesita la suya y suele empezar mandando a paseo la de sus padres
Se dice, se cuenta, se quejan, de que los jóvenes de hoy son más conservadores y que muchos reivindican incluso la extrema derecha. Los guajes de 1968 querían acabar con el mundo de sus padres y parece que los de 2026 están rebelándose contra el ... mundo que construyeron aquellos jóvenes greñudos. Durante los sesenta y los setenta, una parte importante de la juventud occidental encontró la rebeldía en la izquierda. Marx, Mao, Vietnam, el Che, Castro, las manifestaciones, las facultades y aquella necesidad de los veinte años de cuestionar todo lo que venía de arriba.
Mayo del 68 convirtió la protesta en una manera de vivir y tuvo además un respaldo cultural insólito con Dylan, los Stones, Godard, Sartre, Ginsberg, Warhol y después los Sex Pistols. Ellos formaron parte de un clima que desbordaba la política. No pensaban todos lo mismo, pero compartían las ganas de darle una patada en el trasero a todo lo establecido.
Ahora una parte de los jóvenes europeos mira hacia la derecha y sus mayores contemplan el fenómeno aterrados. Esa forma de cuestionar la autoridad les hace cuestionar también la nuestra. Han crecido escuchando palabras como diversidad, sostenibilidad, inclusión, igualdad e identidad mientras hacen cuentas para pagar una habitación, encadenan trabajos precarios y retrasan la posibilidad de formar una familia. Para algunos, lo que llaman ‘woke’ ya forma parte del mundo establecido. Y contra lo establecido es contra lo que se rebela un chaval.
Sería bastante torpe decir que esta generación carece de cultura propia. Rosalía puede mezclar una virgen, una moto, flamenco, sexo, tradición y vanguardia sin arrodillarse al dictamen global. Los Javis ruedan sobre la religión, la familia, la culpa, el barrio, Lorca y la España más punk desde una sensibilidad contemporánea llena de ternura. Ninguno de ellos pertenece a esta nueva derecha, pero sí escapan de los clichés de esa cultura dictada en eslóganes vacíos.
La izquierda conserva buena parte del viejo cancionero, aunque muchos jóvenes no se creen las letras. Parece como si sobreviviera en nosotros más que en ellos. La nueva derecha tiene el cabreo, los votos, TikTok y los memes, pero todavía está por ver si de todo aquello saldrá un Kerouac, unos Clash, un Kubrick o algo que sobreviva al próximo siglo. Lo incómodo para la izquierda es que durante décadas tuvo la cultura de su lado y acabó creyendo que bastaba con tener el eslogan. Ahora está descubriendo que las rebeldías no se heredan porque cada generación necesita la suya y suele empezar mandando a paseo la de sus padres.
Los jóvenes del 68 se hicieron mayores, ocuparon las universidades, los periódicos, los ministerios y buena parte de la cultura, y acabaron convirtiendo su rebeldía en el mundo establecido. Ahora falta saber qué hará esta generación cuando su rebeldía tome el poder.