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Mucho más que un relato perdido

Esta vez no valen las mentiras, ni las evasivas, ni la máscara cínica del personaje. Está tocado de verdad y se le nota. Lo sabe

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión de control al Gobierno
Ignacio Camacho

Hubo un tiempo, ahora llamado 'boomer', en que la política la hacían los políticos, cuyo éxito o fracaso dependía de su capacidad de gestión, de su poder de convicción y de sus dotes de liderazgo prescriptivo, ése que servía para convencer al PSOE de renunciar al marxismo ... o para refundar todas las corrientes de la derecha en un solo partido. Todo cambió cuando esa política de persuasión pasó a manos de los politólogos, universitarios con poca calle pero con muchos másteres y doctorados, que implantaron en la dirigencia la obsesión por el relato, esto es, por una narrativa de comunicación digital capaz de suplantar la realidad con argumentos falsos. A partir de ese momento se impuso el afán de dominar la conversación pública sobre el deber de solucionar los problemas de los ciudadanos. Y todos los instrumentos de la revolución tecnológica –en propiedad una revolución cultura– han quedado subordinados a la construcción de hechos alternativos en laboratorios de ideas cada vez más sofisticados.

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