Reunión PS y F6 (29-4-2024)
Cabe preguntarse qué pintaba el Rey en este gatuperio, y qué le contó Pedro Sánchez cuando fue a verlo la mañana del 29 de abril de hace dos año
Copia y pega, de por ahí, buscando en Google a salto de mata: «De momento ha trascendido que Sánchez se ha reunido esta mañana con el Rey en el Palacio de la Zarzuela, lo que según los analistas podría indicar que finalmente dimitirá. Y ... es que, según estas voces, si su decisión hubiese sido permanecer al frente del Gobierno no sería necesario que se lo comunicase antes al monarca». Esto es del lunes que puso fin a los cinco días de reflexión y absentismo que el presidente del Gobierno se cogió para regular las bajas laborales por el método del unilateralismo, o por mis huevos morenos. La jornada anterior, domingo, el periódico de la democracia, entonces bajo la dirección de Pepa Big, había sacado a la calle un número extraordinario que como pieza de colección alcanza hoy sumas colosales en las subastas. Un día antes, sábado, se celebró el aquelarre de Ferraz, el de las plañideras y las perras, y así podríamos seguir rebobinando hasta llegar a la publicación de la carta a la ciudadanía que Sánchez presentó como certificado médico. La salud mental, dice el progresismo; la psiquiatría, de toda la vida; las cabezas, para entendernos.
En función de las investigaciones policiacas y judiciales que en los últimos meses han venido a documentar la coincidencia temporal entre la baja fraudulenta que se cogió el hermano de David y el diseño clandestino de la operación Leire, casualidades socialistas, cabe preguntarse qué pintaba el Rey en todo este fregado, y qué le contó Pedro Sánchez cuando la mañana de aquel 29 de abril de 2024 acudió a Zarzuela tras leerse las catorce páginas del especial del periódico de la democracia y reproducir en 'streaming' el pasacalles canino de Ferraz, o perrotón de Teresa Ribera.
Quiera Dios que Don Felipe no se vea en la necesidad de reivindicarse ante la historia, como su augusto padre, y el día de mañana tenga que escribir un libro de memorias que revele la conversación que mantuvo con Sánchez aquella mañana, una de las mayores anomalías del manual de aberraciones institucionales del sanchismo. Vamos a ahorrarle a Felipe VI el mal trago y a filtrar un extracto de ese diálogo, revelador del gatuperio de la baja del bajón y magna expresión de la sinceridad de quien, siempre con la verdad por delante, abrió ese día su alma atormentada tras cinco días de zozobra y cloaca.
—¿Ya mejor?
—Ahí vamos tirando, pero a lo que venía yo era a ver qué hago con una cosa que me acabo de enterar, que resulta que me han visto tan mal por lo de mi David y mi Bogoña que se han juntado los más íntimos y me están organizando una sorpresa, parece que gorda, para ver si remonto, todo en secreto, por detrás. Están Santos, Gaspar, Leire, Juanma el de Correos, los de toda la vida, vamos. Y encima están llamando y viendo a un montón de gente, y a ver qué hago, porque esto va ir a más, seguro, no sé ya si hacerme el loco o decirles que me consta.
—Haz lo que yo contigo, disimula. Así llevo seis años. ¿Y esas gafas?
—Las de cerca. A ver...