La huella Sonora
Aquellos tiempos infames
Ese mundo ha caído, sin ruido, sin nostalgia y sin leyenda. Cayó el anterior y caerá el siguiente. Del éxito y de Malasaña también se sale
Madrid
Ha cerrado Tipos Infames, una librería madrileña que jamás llegué a pisar. Pero lo que cierra no es un negocio sino la España malasañera, esa Arcadia feliz de 'Jot Down', 'aliades feministes' y cortes de pelo a lo Sidonie. Y, aunque algunos les intenten convencer ... de lo contrario, por entonces Malasaña no olía a libertad, sino a pis. Porque lo peor del 15-M no fueron los indignados y su revolución Quechua sino la turrita estética, la prosodia podemita –tienen hasta acento propio– y el té matcha, que, según parece, debe ser especialmente diurético.
Fueron tiempos interesantes. Es cierto que hace ya un tiempo que criticar lo 'woke' es ventajista y facilón. Porque el mundo progre está acabado, no hay nada de heroico en salir en auxilio del vencedor y donde quiero ver yo esos humos es en Despeñaperros.
Desde luego, si hubiera sabido que la victoria iba a ser esta y que no se trataba de defender el pluralismo sino solo de sustituir un sectarismo por otro, hubiera preferido desertar del cuerpo a cuerpo. Porque, por entonces, para enfrentarse a esta gente había que tenerlos cuadrados. Les recuerdo que llegaron a tener cinco millones de votos y que los que escribíamos para defender el sistema y la contención urinaria éramos vistos como Charles Manson en su Helter Skelter.
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Bueno, como ahora. Porque el 15-M de hoy es otro, con 'youtubers', kumbayás pseudo evangélicos y 'trad wives', pero el fondo es el mismo, unas mentes estructuradas para culpar a los demás de su fracaso y para exigir que el resto les paguemos los vicios y las VPO. Incluso ellos son, en muchos casos, los mismos, pero con cambio de 'look', de chaqueta y de populismo. Y tenemos que aguantar que los que pasaron su juventud como politoxicómanos en el Ocho y medio nos cuenten hoy las bondades del cardo mariano.
Era aquel el mundo hípster, el de las barbas largas y las 'tote bags' del Reina; el mundo del socialguardiolismo, las Moleskines y los gastrobares con palés; el de los anuncios de la belleza real, lo de táctica y estrategia de Benedetti y el brunch para la resaca; el del comercio justo, el papel reciclado y la banca ética. Un horror como cualquier otro, porque tras el errejonismo menchevique, las magdalenas de Carmena y las votaciones a mano alzada no había unos chavales idealistas pero equivocados, sino un totalitarismo perverso, un vacío profundo y la basurilla del indie-pop.
Ese mundo ha caído. Y no deja de ser curioso que lo haya hecho sin ruido, sin nostalgia y sin leyenda, como si todo hubiera sido sólo un error que preferimos no recordar. También caerá el nuevo mundo que se anuncia. Lo hará con estrépito, miradas hacia atrás y mucha vergüenza ajena. Y lo celebraremos por todo lo alto, porque si ayer luchamos para defender la Cultura del delirio progre, hoy nos toca protegerla del fanatismo 'regre', con la misma intensidad y por el mismo motivo.
Cae una generación como cayó la anterior y como caerá la siguiente. Todo cae antes o después. Todo excepto Julio Iglesias, que se levanta de nuevo, cancelando a sus canceladores y recordándonos que del éxito y de Malasaña también se sale. O lo haces por Tribunal o lo haces por Desengaño.