Esto no ha hecho más que empezar
Seguimos explicando un país nuevo con el manual de instrucciones del viejo
La manera más eficaz de perder unas elecciones consiste en ganar las encuestas dos años antes, que es lo que le vuelve a suceder a una derecha que no solo no aprende de los errores, sino que sigue convencida de que Sánchez es un cadáver ... al que solo le falta entrar al crematorio. Disiento; yo sospecho que esto no ha hecho nada más que empezar y que Maricarmen tiene más importancia de la que parece. No porque tenga razón –la justicia consiste precisamente en que abandone una vivienda que no es suya–, sino porque alrededor de su desahucio la izquierda ha recordado que existen ricos y pobres; privilegiados y excluidos; desahucios y fondos buitres. La izquierda acaba de recordar que, cuando abandona lo 'woke', sigue conservando una gran colección de palancas: vivienda, coste de la vida, salarios bajos, beneficios récord, rearme, ecologismo y hasta un feminismo que vuelve a resultar transversal en cuanto vuelve a ser comprensible.
Me desconcierta la alegría con la que la derecha contempla la corrupción socialista como una máquina de fabricar votantes de Feijóo. Y me desconcierta todavía más que no hayan aprendido que el mito de los dos millones de socialistas que se quedarán en casa es tan solo un fraude. Se infravalora al PSOE y se sobrevalora a sus votantes. Ante la pregunta real –o PSOE o Vox– madurará un estado de opinión en ese espectro que movilizará en las urnas lo que no se moviliza en las encuestas. Y, por si fuera poco, aún les queda el ejército de reserva nacionalista-radical, que ante la posibilidad de un gobierno con Vox, no abandonará al PSOE. Sánchez ha sobrevivido a los indultos y a la amnistía, que parecían imposibles de digerir; veremos cuánto dura Ceuta y cómo se digiere, porque me temo que la próxima campaña no se escribirá en Génova, Ferraz o Bambú, sino en Rabat, Moscú y Washington. Un ataque ruso o una crisis migratoria pueden cambiar en semanas un paisaje que algunos contemplan como si ya estuviera escriturado ante notario.
España no es la misma que cuando ganaron Aznar o Rajoy: hay más gente, hay jóvenes que no recuerdan a ETA, pero sí el precio de la vivienda y hay nuevos españoles sin nuestra colección de recuerdos, miedos y agravios. Seguimos explicando un país nuevo con el manual de instrucciones del viejo. Por eso me parece temerario escuchar que el PP contiene a los ultras, cuando quien realmente los contiene es la propia historia española, a pesar del empeño del PP en no contenerlos. Quizá Sánchez haya llegado al final –yo sería muy prudente–, pero, desde luego, la izquierda acaba de reencontrarse con un idioma más antiguo y mucho más eficaz que el 'wokismo': ricos, pobres, expropiaciones, manifestaciones y rencor. Maricarmen será olvidada, Ceuta cambiará y la ruleta dará todavía muchas vueltas. Me temo que esto no ha hecho más que empezar.