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CAFÉ CON NEUROSIS

Ególatras tuertos

No tenemos sólo un problema de visión y una falta de humildad: nos falta decencia

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Luis del Val

Me parece que es Enrique Jardiel Poncela, quien describe a un personaje, insoportablemente fatuo y pagado de sí mismo que, en un momento de la narración –y a pesar de que los petulantes nunca se censuran a sí mismos– hace una pausa, por la ... caridad de no apabullar demasiado a su interlocutor, y parece enmendarse diciendo: «Bueno, ya hemos hablado bastante de mí… Hablemos ahora de ti: tú ¿qué piensas de mí?». Nunca me he tropezado con una descripción tan elegante y certera del narcisista. Y me acordé de esa fina radiografía, el pasado sábado, cuando el millonario en dólares y jactancias, Donald Trump, se presentó ante los periodistas para describir la intervención en Venezuela, como una hazaña jamás llevada a cabo nunca por un presidente de Estados Unidos, hasta que llegó él, y con su talento y arrojo, logró devolver el prestigio a Estados Unidos. Con Putin, de momento, no ha podido, pero con otro de la cofradía de petulantes, con el conductor de autobús que derivó en tirano, le ha salido perfecto. Casi me extrañó que, al convocar la rueda de prensa, no apareciese con el uniforme militar de camuflaje, porque había momentos en que parecía que el que conducía el helicóptero, y apresaba a Maduro y a su mujer, era el propio Donald Trump, naturalmente después de haber diseñado, también él mismo, todos los detalles de la operación.

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