La coherencia
La orquesta de pulso y púa antiliberal va camino de devenir en banda de la hipocresía
Hace mucho tiempo que el PSOE huye de la coherencia. Según Lucas Haurie, coherencia nunca rimó con izquierda, «apenas una vaga asonancia» –escribía el domingo–, y como el PSOE está ahora a la izquierda de la izquierda pues su divorcio con la congruencia es ya ... un hábito, como hacer deporte cada mañana.
No hace falta poner el foco en grandes temas, como esa reedición magnífica –en términos de mercadotecnia sanchista– del 'No a la guerra', con el que Montero hará campaña en Rota y Morón mientras despegan los aviones. Este pacifismo entrañable, tan de primero de BUP, nos recuerda a aquel «OTAN, de entrada no» que en los ochenta fijó la caducidad de los principios de la organización; tan breve como los marxistas de Groucho: «...si no le gustan, tengo otros».
Basta analizar lo cotidiano y cercano para advertir que la coherencia no es un desvelo de los dirigentes de puño y rosa, solistas hoy de la orquesta de pulso y púa antiliberal que va camino de devenir en banda de la hipocresía por su especialidad en soplar al sorber. Eso es lo que ocurre cuando El PSOE se opone a la privatización de la limpieza de los colegios que ha decidido el alcalde de Sevilla. Resulta que los socialistas apoyan aquí a los activistas sindicales que hacen escraches al alcalde y a los ediles del gobierno por acordar la privatización del servicio (dime con quién vas...), olvidando que el PSOE fue pionero en la privatización de la limpieza de centros de enseñanza, cuando en la era chavista del imperio andaluz hicieron lo propio en los institutos. Pero entonces, quién iba a rechistarles. Ahora ya no quedan incautos que se traguen la fervorosa defensa que hace el PSOE de 'lo público' mientras el secretario provincial del partido y alcalde de la Rinconada, Javier Fernández, hace alarde del avance que para su pueblo tendrá el nuevo contrato que ha firmado con una empresa privada para limpiar el municipio.
El mismo secretario provincial y alcalde, en calidad de presidente de la Diputación, anunció días atrás el cierre del Instituto Híspalis por el mal estado de las instalaciones que ocupa en el complejo deportivo de Pino Montano, un edificio de la Diputación. Esta vez no le ha salido calentar la patata para que le queme en las manos a la Junta. La comunidad educativa y el progresista barrio le recriminan que desde la Diputación haya permitido el deterioro de unas instalaciones públicas, utilizadas por varios colectivos, por falta de mantenimiento (con la sospecha de que todo forma parte de una futura operación urbanística). Por eso Fernández replegó ayer velas y firmó un acuerdo para mantener abierto el centro educativo con la Junta de Andalucía. Esa administración canalla que preside Moreno Bonilla cuyo decreto de vivienda «no tenía ni pies ni cabeza» y fomentaba la especulación según Fernández, pero al que se ha adherido su ayuntamiento y otros del PSOE en el último minuto, en otro ejemplo de siniestra incoherencia.