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Una lección en la calle Córdoba

Hay una tendencia paternalista del sevillano, tan propia de su genético chovinismo, a preocuparse por la imagen que se llevan los turistas de la ciudad

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Juan J. Borrero

Sentarse a ver pasar la tarde y la vida en la plaza del Salvador es un placer al que no se puede renunciar bajo la excusa de que el centro de Sevilla está turistificado. ¿Quién lo desturificará? Pues el sevillano que no caiga en el ... error de la incomparecencia. Sentarse, «como un turista», en un velador del Salvador te ofrece una sosegada y objetiva lectura de las últimas páginas de la enciclopedia de la ciudad. Los sevillanos remolonearon el sábado y mandaron en la plaza con sus trajes y urgencias de vísperas pasadas las siete, cuando la Colegial era colmena de expectación ante los pasos del Amor y sendero hacia el Señor de Pasión, expuesto a esta nueva Babilonia para convencernos de que todo permanece y somos nosotros, las modas y las costumbres las que mutan.

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