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El aceite se mueve, por fin

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En el mundo del aceite la actividad es frenética. Y no porque arranque la campaña, como cada mes de noviembre. Un sector que en un año ha visto cambiar de manos y ponerse en venta más del 50% de su cuota de mercado está en plena revolución. Un sector que en un año ha sacado al mercado más de un millón de toneladas de aceite, con un precio medio de unas 275 pesetas kilo, pero que ha llegado a estar por debajo de las 260 y cuya media de este mes de octubre ronda las 340 pesetas, sufre de una inestabilidad de precios que necesariamente debe reventar por sus componentes más débiles.

La venta de Koipe, el líder, refleja esta revolución que afecta al sector industrial del aceite de oliva. Además de Koipe, que controla un 30% del mercado, hace seis meses, La Masía (segunda marca en cuota de mercado con un 10% y primera marca en aceites de un grado), fue comprada por Migasa (que a su vez controla en torno al 20% del mercado de graneles y otro 4% del de marcas a través de su asociación con Hijos de Ybarra). Por su parte, entre los que están en venta destaca la pública Coosur, cuyo cuaderno de ventas está a punto de finalizarse y que implica sacar al mercado otro 6% de cuota. Sólo quedan Aceites del Sur y Borges, que controla otro 3% de cuota pero muy concentrada en el mercado catalán. Excepto en el segmento de marcas blancas, donde destacan otras dos empresas, Agribética y Aceites Toledo, el resto del sector está muy atomizado. La primera lleva ya mucho tiempo en venta y la segunda, cuya marca Dintel, está muy introducida en Madrid, lleva muchos años bajo la dirección de Juan Rubio. Superada ya su edad de jubilación, los rumores sobre un posible cambio de manos están también en el mercado.

Este evidente proceso de concentración, sin embargo, no ha tenido todavía consecuencias en el más concentrado aún sector de la distribución. Basta con darse un paseo por los establecimientos de Lidl y Día, o incluso por los de Eroski, Mercadona o Carrefour, para comprobar cómo venden aceite que si no está por debajo de los precios en origen, poco le debe faltar. Ayer mismo se hicieron públicas las previsiones de producción para este año, que hablan de una campaña aún mas espléndida que la que acaba de terminar: se esperan cerca de 1,2 millones de toneladas de aceite de las que más de 900.000 corresponderán a Andalucía. Aunque también se auguran caídas de producción en otros países como Túnez, Turquía o Grecia, el año no se caracterizará precisamente por una escasez de oferta que tire de los precios.

Así las cosas, son muchas las voces en el mundo del aceite que reclaman un pacto entre productores e industriales que permita forzar a su vez un acuerdo con los distribuidores. No será fácil. Este año fue también el de la creación de Cecasa, un invento de los productores para aliarse e intervenir en el mercado evitando así las caídas de precios de su producto por debajo de las 160 pesetas kilo. Desde el principio se encontraron en frente al sector industrial, que hizo intervenir a las autoridades que defienden la libre competencia creando un litigio que aún no se ha aclarado, y que sigue enfrentando a productores y envasadores de aceite.

Es cierto que la nueva reestructuración del sector industrial, que llevaba muchos años inmóvil, ofrece nuevas oportunidades para un mundo del aceite caracterizado hasta ahora por la opacidad, la falta de modernización y el enfrentamiento entre los distintos actores. Pero el camino no es el del acuerdo proteccionista, el del pacto más o menos secreto que garantice unos precios mínimos. El futuro, como ya lo ha demostrado la historia de tantos y tantos mercados y productos, es el de incrementar el valor añadido por la vía de la calidad y la marca.

fvicente@buzonabc.com

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