El alcalde de Sevilla se ha vuelto mudo. Con un «no tengo nada que decir, al que le amenacen, que ponga una denuncia en los Juzgados» responde a los vecinos de la calle Padre Damián, Cristóbal Sánchez y aledaños ante las amenazas recibidas por los dueños de bares durante todo el año, especialmente en la época de Feria, donde han hecho lo que les ha dado la gana.
Han trampeado los limitadores de sonido, han colocado más y más potentes amplificadores y bafles, han expendido bebidas para su consumo en la vía pública, se ha consumido y vendido droga... y todo con total impunidad. Si el alcalde quiere que denuncien los vecinos los hechos, que no es su competencia, me tendría que decir antes si él me va a pagar los abogados a mí y a todo el vecino que lo denuncie, a lo mejor es que existe una subvención para ello y no nos hemos enterado.
El cumplimiento de los horarios de cierre, del volumen, del consumo en la vía pública de bebidas expedidas por los bares, etcétera, que se entere de una vez el alcalde, no debe ser denunciado en el Juzgado por nadie y debe ser revisado, de oficio, por la Delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento, también durante la semana de Feria.
Como siempre, se ha lavado las manos y ha salido por la tangente ante los problemas de los ciudadanos, esta vez, y debido a que somos de Los Remedios (barrio que no le votó), con un poco de chulería por su parte.
Que siga así, que en las próximas elecciones sí que se va a quedar mudo, cuando tenga que recoger su despacho e irse de la Alcaldía.