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Entre el Peña y el Peñón

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Lo malo del referéndum gibraltareño, ese remedo chungo y desangelado de carnaval gaditano, es que en Cádiz tienen al Peña y en la Roca se tienen que aguantar con el Peñón. Caruana es un tipo hábil, talentoso y populista pero no le llega al tobillo a Martínez Ares. Con estos antecedentes no ha extrañado mucho que la cama musical que le ha dado fervorín patriótico al referéndum haya sido el Aserejé. El Aserejé, cantando y versionado por un grupo de allí llamado Platanito y Mayonesa, ha estado tronando durante toda la convocatoria con una letrilla que aspiraba a ser satírica y que no llegaba a ser escolar. Por ejemplo, en el Aserejé del carnaval gibraltareño se cantaba que Tony Blair se ha puesto de parte española porque le habían regalado un chalé en Sotogrande. Como si Caruana y muchos de los vecinos del bloque gibraltareño veranearan en el camping de Los Caños... La mayoría tienen su segunda vivienda entre Cádiz y Málaga y los que son ricos residen en Sotogrande gracias a su afición a la pintura de brocha gorda con la que han sabido blanquear divinamente su porvenir, hasta el punto que creo que Franquito Román, el amigo de la Bahía del Mamoneo, va a contratar a los llanitos más avezados en el arte de la brocha para darle una manita de cá a la ruta de los pueblos blancos. El Aserejé en versión llanita, o sea, una copia pirata del original que Caruana ha vendido en el top manta de su política vecinal, define estupendamente lo que ha sido la charlotada del pasado jueves, una puesta en escena tan bananera como pringosa donde al primer ministro o el jefe de la comunidad de vecinos de la Roca, tampoco tengo muy clara su dimensión institucional, hemos llegado a imaginárnoslo disfrazado de Sánchez Gordillo del Estado gibraltareño, con menos barbas, menos pulseras en su muñeca y más colonia...que el de Marinaleda.

Caruana montó el referéndum del jueves como la escenificación política del exhibicionista de la gabardina mirando a España tras la verja. ¿No quereis co-soberanía? Pues tomad soberanía de cocacola de a litro...Y se lo ha montado tan espectacular que, el referéndum, mejora al que apadrinó don Francisco para aprobar las Leyes Fundamentales del Movimiento. Los referéndum de Franco comparados con este de Caruana se quedan a la altura de una consulta del Seguro. Lo ha ganado por goleada cosa que, además, ha sorprendido tan poco como escaso también es el vínculo político del referéndum que, para qué nos vamos a engañar, vincula menos que el matrimonio de Lauren Postigo por el rito zulú. Al igual que en la Alemania de los treinta, Caruana, con el Aserejé de fondo a modo de las Walkirias del Peñón, le ha vendido a sus vecinos de bloque aquello tan patético de un pueblo, una patria y un caudillo. Pero ¿qué hay detrás de toda esta pacotilla ideológica?

Hay un taco de manteca colorá que no se lo salta ni el más inspirado amigo de la verja de Almonte. Detrás del carnaval político vecinal que Caruana se ha montado en ese barrio de La Línea que es Gibraltar no hay otra cosa que una defensa ardorosa del momio donde las criaturas están instalados desde hace años. El pueblo, la patria y el caudillo que Caruana defiende para Gibraltar es, en realidad, la cara oculta de la Roca de la que vive divinamente gracias a su flota de planeadoras, a las empresas ficticias que acumulan más apartados de correos que metros cuadrados tiene el Peñón, a los hábiles y estéticos brochazos financieros que maquillan el color del dinero, a su libertad tributaria, a sus grandes ventajas confesables e inconfesables que le permiten, en definitiva, ser la primera roca del mundo que ha sido capaz de vivir desahogadamente gracias a su servicios de lavandería. Por todo esto y por muchas más cosas ¿no les parece ajustado que titulemos este carnaval de barrio como un ejercicio de surrealismo entre el Peña y el Peñón?

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