El uno de enero no hay periódicos y la gente se levanta feliz de una fiesta que deja en un segundo plano cualquier tipo de noticia por trascedente que sea. Ese es el único motivo por el que dos sevillanos que a estas alturas se debían considerar como héroes hayan pasado a la historia casi desapercibidos.
La madrugada del 31 de diciembre, estos dos hombres, pertenecientes a los Tedax de la Policía Nacional, eran despertados sobre las tres de la mañana con una terrible noticia: varias llamadas alertaban de la colocación de un coche-bomba entre el Hotel Occidental y el edificio de la Seguridad Social. La llamada advertía que aquel artefacto haría explosión en menos de una hora, a las cuatro de la madrugada. Todas las fuerzas de seguridad se desplegaban en una carrera contrarreloj. Rápidamente, se evacuó el hotel, se suspendieron los trenes previstos, se cortó el tráfico y se acordonó la zona.
Entonces, todas las miradas se dirigieron a aquellos dos tedax y, frente a ellos, un peugeot 306 blanco con una carga mortal.
No había ya tiempo de probar con el robot a distancia, más seguro pero más lento para maniobrar con precisiión. Los dos agentes no se lo pensaron dos veces y decidieron jugarse la vida. Entraron en el coche por una de las puertas laterales y desde allí accedieron al maletero. Entonces se encontraron con algo mucho peor de lo precisto: dos ollas de gran tamaño y varios paquetes adosados.
Para que se hagan una idea, la mayoría de las últimas acciones de ETA con coche bomba, cuyos devastadores efectos hemos visto todos a través de los medios de comunicación, tenían entre 20 y 40 kilos... el de Sevilla, 160 kilos de dinamita...
A pesar de ello, estos dos hombres templaron sus nervios y en la cuenta atrás consiguieron parar aquel temporizador que marcaba las cuatro de la mañana como hora mortal. Tras ello, aún necesitaron cinco horas más para desactivar el detonador y aquel volumen de explosivos.
Al día siguiente, sin periódicos, Sevilla celebraba con normalidad la llegada del nuevo milenio. La noticia apenas se comentaba entre quienes conocían la dimensión de lo acontecido. Esta semana, la CEA les ha dado un pequeño homenaje en nombre de todos nosotros.
Gracias a ambos.
jllosa@abc.es