La hora
LO mismo que mañana cambiamos la hora para ganarle al sol el tiempo necesario
LO mismo que mañana cambiamos la hora para ganarle al sol el tiempo necesario para ahorrarnos muchos millones de euros en energía, así el PSOE andaluz y nacional debe cambiar de reloj para ir pensando en uno nuevo con el que marcar el tiempo de Sevilla. El nuevo tiempo de la ciudad y su provincia. Eso es lo que, por boca de Antonio Galadí, le han dicho los empresarios sevillanos. Y eso es lo que, por otras bocas socialistas, más bajitas y prudentemente correctas, es lo que se viene manteniendo desde los últimos resultados electorales. Es la hora de Sevilla. Es el tiempo que la ciudad lleva esperando desde que se acabó el 92. Esta legislatura es la del PSOE con Sevilla.
Eso es lo que comentan muchos socialistas conscientes de lo que aporta esta capital y su provincia a la bolsa de votos del partido. Aunque, hasta ahora, paradójicamente, el PSOE se ha portado mejor con las provincias rebeldes que con las de máxima lealtad. Pero no va a ser fácil mantener esta misma postura. Y Sevilla necesita acelerar su pulso con el impulso político de un partido hegemónico por la gracia de los votos. Nos pongamos como nos pongamos. Meten goles porque tienen muy buena defensa y mejores delanteros. Y encima la afición es incondicional.
Así las cosas cabe preguntarse si será verdad o todo lo contrario que el PSOE está dispuesto a cambiar la hora de su política en Sevilla. Falta hace. Muchísima. No ya porque lo digan los empresarios. Sino que lo dice la laxitud de unos proyectos inaplazables a los que el alcalde, ante la levedad de su peso político interno, ya no les pone plazo. Sino que los disfraza de conejo saliendo de la chistera mientras dice que lo importante es que sean seguros. Si es verdad que Sevilla se ha hecho perdonar su éxito político del 92 y ya le toca nuevo tiempo socialista, deseo que, en Cultura, por ejemplo, los vientos de cambio no arrastren como hojas secas a los pocos que, con valentía torera, apoyaron públicamente un proyecto como el de las Atarazanas. Quizás el proyecto civil sevillano más ambicioso en su historia cultural reciente. Una apuesta que debe seguir contando con los que, desde la Administración autonómica, lo han apoyado. O en su defecto con el respaldo de los que vayan a estrenar cargos. Porque, así se ha dicho, Atarazanas es sí o si un compromiso de la Junta con Sevilla. Ya era hora.