«Menos mal que el aumento de las penas para los terroristas ha funcionado, siquiera parcialmente, como cortina de humo. Por lo menos, lo justo para permitir que el año no se cerrara con el Prestige como asunto único. Convendrás conmigo en que, por mal que lo hayamos hecho, era injusto que el 2002 acabase sólo como el año del Prestige. Hombre, digo yo que la ilegalización de Batasuna, la casi desaparición de la kale borroka y los golpes a ETA debían tener un sitio en el balance anual. Un sitio a la altura de su importancia».
«Ahora bien, es verdad que los reflejos ya sólo nos funcionan por fuera del problema gallego. En el asunto del Prestige, hasta cuando las cosas van razonablemente mejor hay alguien que mete la pata, como hizo Trillo en Nochebuena. Parece que estamos bajo una maldición. Y todavía dice Javier Arenas que el partido va a salir fortalecido de esta crisis. Será por aquello de que lo que no mata, engorda».
«Mira, el problema esencial, en lo del Prestige y en casi todo últimamente, es que el jefe ha dejado de escuchar. Sí, sí, Aznar, qué otro jefe, si no. No es que nunca haya escuchado mucho, pero ahora es que no hay modo. Y claro, si el jefe no escucha, pues el efecto inmediato es que tampoco nadie le dice nada. Y que todo el mundo se limita a esperar a que mueva una ceja, con el consiguiente riesgo de bloqueo».
«En Galicia pasó exactamente eso. ¿Quién iba a decidir que el problema era serio si el presidente lo zanjó de entrada quitándole importancia? Y yo tengo para mí que en el fondo, Aznar sigue pensando que no era para tanto, y que ha habido una confabulación de circunstancias para que se convirtiese en una crisis nacional, entre otros motivos, por la presión de los medios, que convendrás que ha sido inaudita. Si no pensara así, no tiene sentido el empecinamiento que ha mostrado en dar una imagen dura de sí mismo, en no ceder ni un punto de populismo, que muchas veces es necesario en política».
«Porque es que, fíjate, me consta que ha habido quien le ha mandado algún mensaje en ese sentido, en el de decirle que en momentos así hay que estar con la gente, hacer algún gesto de cariño, no sólo de responsabilidad. Y, ¿sabes? Los que le han dicho algo están convencidos en el fondo de que no sólo no les va a hacer caso, sino que les va a mirar mal de ahora en adelante. Desde mi modesto punto de vista, es inexplicable que haya dejado pasar las navidades sin ese gesto. Imagínate la Nochebuena: ¿qué le impedía haberse presentado de improviso en Muxía a cenar con los voluntarios, los marineros y el Ejército? Eso lo dices a las siete de la tarde, te llevas a la televisión, te presentas con algún regalo en forma de anuncio de medidas, que si algo no falta ahora mismo es dinero en la caja, y quedas como Dios. Pues nada, cero patatero. Que no es su estilo, te dicen cuando lo sugieres...»
«Y ahora viene un año duro, porque como el pueblo nos pase la factura en las municipales va a haber un terremoto, y a ver a quién le cae la culpa. Además del tema de la sucesión; a estas alturas todo el mundo admite que fue un error plantearla tan pronto, pero está por ver si no va a ser otro mayor mantenerla abierta hasta otoño, porque mientras esté la pelota en el aire nadie va a tomar decisiones por su cuenta, todos mirando a ver qué carita pone el que la tiene que poner... En fin, esto es un sinvivir, te llegan las consignas y tienes que apretar los dientes y poner la cara a sabiendas de que te la van a partir; nosotros somos la piel del tambor del partido, en la que redoblan todas las crisis y todos los problemas. ¿Cómo diablos vamos a defender lo de Galicia, si cada telediario te pone colorado de vergüenza?».
«Y todavía, en Andalucía, nos queda lo del PER y la financiación, y en Sevilla el trágala del Metro. ¿Sabes qué te digo? Pues que a ver si el equilibrio presupuestario va a servir para dejarle la caja llena a Zapatero, y que se luzca, encima, con lo que nosotros no hemos gastado por responsabilidad...»
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