Saltar al contenido

La marcha verde

Regala esta noticia

Bueno, pues dicen que era noche alta, hora en la que hasta los gatos habían desaparecido de los tejados y la luna, tan esplendorosa esta semana, estaba embutida en su blanco pijama para ir pensando en empiltrarse cuando, Donmanué y su cortejo, se encajaron en un chalé de Simón Verde donde quince de sus muchachotes estaban celebrando el «Jaloguin» ese con una entrega digna de elogio y que fue ver a Donmanué y a la compaña y, ñoooooo, la que se lió en la fiesta. Estaban allí los chicos de Donmanué, quince más o menos, con algo así como treinta muchachitas, todas la mar de limpias y con los fondos estructurales en perfecto estado de revista, bailando de lo más normal y celebrando la última copa de la liga más disputada en España, esa liga de la chispa de la vida con el Havana Club y, niño, fue ver entrar a Donmanué y a su cortejo y yo no se qué le vieron en la cara al patrón pero, dicen, que algunos de sus muchachotes empezaron a correr como si en vez de Jaloguin fuera la mañana de San Fermín y que, los más atribulados por tan severa sorpresa, buscaron alguna que otra ventana para saltar por ella y salir de najas. En los EE.UU, el Jaloguin de Simón Verde es Halloween, y manda la tradición que los chicos disfrazados con atuendos más o menos cadavéricos llaman a la puerta de los vecinos y dicen algo como esto: ¿o me dais caramelos o de lo contrario os pego un susto? Donmanué les pegó a sus muchachos un susto tan grande que me dicen que la tila ha empezado a cotizar en bolsa.

No me quiero imaginar la cara de Donmanué cuando la asomó por la puerta y vió la fiesta de Simón Verde, que ya es tino también lo del color. La tuvo que ver verde, verde, verde porque los chicos eran jugadores de su equipo del alma y las chicas unas rendidas admiradoras de las habilidades de estos futbolistas, algunos de ellos expertos en tirar penaltis o marcar muy encima al contrario. A Donmanué le tuvieron que ver en su rostro la intratable huella de la decepción. Muchas veces ha dicho en público que su única familia es el Betis y que vive y sueña para hacer feliz a su familia. Bueno, pues algunos niños de la familia le han salido bailones y noctámbulos cuando más recogidos deben de estar y, para este hombre tan pío y tan escrupuloso observador de las leyes de la familia, ver a sus chicos pegándole a la copa de la liga ha debido de ser tan decepcionante como para un padre descubrir que su hijo está en la nómina de la botellona. Cría cuervos y te sacarán de tu casa a las cuatro de la mañana para ir a recogerlos.

El Jaloguin ese no ha podido acabar peor. Con lo bien que nos ha ido siempre celebrando el Día de todos los Santos con los huesos de idem de La Campana y colocándole unas florecitas al palmolive más cercano. Pero estos chicos se nos han vueltos tan americanos que ya son capaces de bailar unas sevillanas por Credence Clearwater Revival a la hora más insospechada. Marcha, lo que se dice marcha, tienen como para terminar la grada inconclusa del platillo volante de la Palmera. Que como pillen la machota con la misma fuerza que la copa de la liga tardan tres noches en terminar el campo de Donmanué. La marcha verde de Simón Verde terminó con más susto que caramelos. Y Donmanué con un rebote de esos que es incapaz de coger el Pau Gasols. Ahora la afición está un poquito rebrincada, ha hecho una piña con su perpetuo presidente y, por estas, como pillen a uno de los de Simón Verde le cae la perpetua...(Por cierto, ¿es verdad que cuando Donmanué los descubrió uno de ellos se disfrazó del jamón de la alacena de la cocina?)

Esta funcionalidad es exclusiva para usuarios registrados.

Reporta un error

[]

La marcha verde

[]

La marcha verde