Otro fin de semana que aúna en victorias a Betis y Sevilla y ganando los dos se redondean unos resultados que tanto les hacían mucha falta para espantar recelos de sótanos y sumar a esas aspiraciones del «partido a partido» que frena sueños de grandeza hasta, por lo menos, que se conviertan, si es así, en realidad.
Los blancos salieron pronto de mal sabor de boca que dejó la Copa y hundieron a un Murcia que, junto al Español, ya parece que van teniendo el billete de Segunda en el bolsillo, encontrándose con un gol tan tempranero que terminó de arruinarle a los pimentoneros sus pocas esperanzas. Los albiverdes, sumando cuatro de cuatro triunfos que hacía tiempo que no se celebraba en Heliópolis. Empezaron muy mal, en expresiva frase de Víctor Fernández parecía que habían llegado al partido a las cinco y media cuando éste había comenzado a las cinco, y terminaron con ciertos apuros, más por miedos propios y de la grada de que se repitiera lo que en otros partidos le ocurrió, que de méritos ajenos de un Zaragoza que se hundió cuando Denilson la puso en la escuadra y terminó casi entregando la cuchara cuando el brasilero rompía a su par en el costado del área y servía en bandeja a Alfonso la remontada que sería definitiva.
Ojalá que sigan ganando los dos, aunque el propio calendario lo ponga imposible dentro de dos semanas que, cuando llegue ese día, por seguir el dicho, las dos aficiones querrán que ganen los dos: lose de sus propios colores y los que se enfrenten al de su rival.
Bueno es, para ese choque de vuelta, que ambos estén desahogados y espantados casi definitivamente esas zonas de turbulencia que sólo se siembran de tranquilidades cuando se tienen en el casillero los puntos precisos. Si después se puede seguir soñando, mejor. Pero ya sin pesadillas. Y lo que tenga que ser, que sea.
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