No debe atosigar tanto cuando sólo llevamos un partido de Liga, pero, ya sea por el eco mediático, ya sea por lo mucho que se habla, aunque pocas veces se digan cosas importantes, o por el temor que se tiene a que el equipo, como cualquier otro, se instale en los sótanos, hay en el Sevilla una preocupación por el gol, me resisto a llamarle problema porque ni ha habido tiempo de gestarlo ni partidos para sustentarlo, que está llevando, incluso, a variar nombres para lograrlos.
Más estoy con los que piensan en que el gol llegará, sea en el último toque o en el primero, aunque este fútbol ultracompetitivo ya empiece a ver fantasmas en la segunda jornada casi queriendo espantar aquel recurso tópico del queda mucha liga por delante.
Que el gol está caro, carísimo, lo demuestra el trabajo que cuesta encontrar a un goleador y que, una vez encontrado, éste los marque. Hay quienes tienen el clásico y hasta añejo olfato de gol y quienes encuentran rachas que, una vez pasadas, tardan en volver si es que vuelven. Uno ha conocido pichichis de un año que, en los siguientes, parecían que le habían tapiado las porterías y no aseguraban nada a sus clubes aunque sus clubes, deslumbrados por su pichichi, ya le hubiesen asegurado a él el futuro por un montón de años.
El unigol, aunque la primera jornada de la temporada demostró todo lo contrario, seguirá, lamentablemente, en el machito. Por eso, en lugar de buscarlo en las redes ajenas, muchos equipos procuran no encontrarlo en las propias que es más fácil, aunque mucho más peligroso.
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