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Proyectos versus trapío

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Venimos oyendo hablar sobre la peatonalización de la Avenida de la Constitución, sin exagerar, desde el siglo pasado, al menos desde la década de los noventa, y desde entonces tan lógica como necesaria ambición ciudadana no ha sabido salir de su fase menos realista, la fase del proyecto. Esta ciudad con tal de disimular su estancamiento echa a correr los proyectos como si fueran galgos en el canódromo para, posteriormente, entretenernos y confundirnos con la apuesta irreal de si son galgos o podencos. Corren los proyectos; pero la ciudad se mueve poco. En la fase de proyecto venimos encontrándonos desde que, entre unos y otros, nos amarraron a la silla de ruedas de la más negativa de las inercias, esas fuerzas que con tal de devorarse entre ellas parecen haber cumplimentado sus deberes con la ciudad. El Ayuntamiento, que como órgano de gobierno municipal tampoco acaba de salir nunca de su fase de proyecto, acaba de airear el luminoso señuelo de que baraja trece proyectos para peatonalizar la Avenida de la Constitución y ganarla, de una vez por todas, para la mayoría de los sevillanos. Créanme. Los más mosqueante del caso es que sean trece, precisamente trece, los proyectos que manejan nuestros príncipes para solucionar algo tan fácil de solucionar como es la peatonalización de la Avenida.

Sobran proyectos y falta trapío. Falta tener lo que hay que tener desde un gobierno municipal para, sin más cuentos y tantas historias, abordar un objetivo que, les repito, viene siendo recurrente desde el siglo pasado. En este tema de la peatonalización de la Avenida se han estancado gobiernos fuertes y débiles; de derechas y de izquierdas o lo que sean. Han preguntado, sondeado, testado y proyectado para, a la hora de tomar una decisión, tomarnos simplemente el pelo. Son los Llongueras de la peatonalización. Cuánta ojana. La táctica siempre viene a ser la misma. Se escenifica la idea, se barajan los proyectos, se marea la perdiz ante el mosqueo de la prensa, se entretiene al electorado, va pasando el tiempo y al pueblo romano, en este caso al hispalense, se le envuelve en tal estado de confusión que, entre un proyecto y el otro y el de más allá, le hacen creer a uno que esto se mueve, cuando en realidad la ciudad no anda ni para atrás. Por no andar, como sueña y quiere, no lo puede hacer ni por la mentada Avenida de la Constitución.

Entre tanta mandanga sin los mondongos necesarios para tomar este tipo de decisiones, la zona más monumental de la ciudad se degrada por los días y los años que viene durando tan insufrible obra de teatro. En la peor de las claves del teatro costumbrista municipal, los actores del reparto lo único que son capaces de avanzarnos como novedad es el intercambio de papeles, de personajes, pero el espíritu y la letra del tostonazo viene siendo el mismo. ¿Realmente se puede llegar a creer que para peatonalizar quinientos metros lineales haya que liar la que vienen liando? Esto es un chiste del Bizco Pardal. ¿En qué boca de bobo cabe semejante muela? ¿Se quiere o no se quiere peatonalizar la Avenida? Hablas con uno y con otros y todos, con el piñón más dulce que pueda adornar sus boquitas, te cuentan que es una locura que esa calle no sea ya peatonal, que aún estemos en fase de galgos y podencos, que...Que, bueno, para qué nos vamos a engañar, nadie quiere hacerse responsable de una decisión que por ser tan necesaria nuestros príncipes no la ven clara. No hacen falta más proyectos porque de lo que se trata es de peatonalizar una calle y no de poner a un concejal en Marte, que es donde mejor podían estar acometiendo sus proyectos en la tercera fase. Lo que hace falta es decisión política, algo para lo que nuestros príncipes también han encargado un proyecto.

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