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Lo suyo es puro teatro

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Conforme van pasando los días , a medida que se se diluyendo los entusiasmos iniciales y la realidad pone a cada uno en su sitío, va resultando cada vez más evidente que lo del nuevo Gobierno tiene más de puesta en escena que de otra cosa, más de teatralización de la vida pública que de verdadero cambio en la gestión de los asuntos públicos que, paradójicamente suelen ser al final los más privados que hay porque son en definitiva los asuntos de cada cual. Los suyos y los míos, sin ir más lejos.

No es plan de entrar aquí a detallar las grandiosas envainadas de promesas y medidas inmediatas anunciadas un día para tragárselas al siguiente y sin el menor rubor por parte de todos los ministros y ministras socialistas que parece que están haciendo un cursillo acelerado de dondieguismo político y aprendiendo en carne propia la enorme diferencia que existe entre predicar y dar trigo. No se trata de eso porque a lo mejor la euforia de quien ha llegado donde ha llegado sin saber siquiera cómo ha llegado podría justificar tanta verborrea irresponsable. Lo malo de esto es que esta teatralidad está siendo asumida con una cierta normalidad por no pocos sectores de la población y lo peor es que como aquí el más tonto hace relojes y además espera que les funcionen, más de uno y más de dos se han subido al carro del vencedor sumándose incondicionalmente a la teatralidad como modus operandi y andan por ahí protagonizando numeritos ridículos a ver si lo suyo acaba colando como coló lo de los otros, pero sin 11-M, ni pásalo ni nada.

Uno de ellos, como no, es nuestro inefable alcalde Sánchez, responsable del chiringuito de recalificaciones que funciona en la Plaza Nueva que, tal vez impresionado por el boato de la boda del príncipe, no se lo pensó dos veces y, a su regreso de Madrid, montó un pretencioso show para que celebrar en plan grandioso el primer aniversario del Gobierno municipal de contubernio PSOE-IU, sobractuando de manera ostentóra hasta caer en el más sonoro de los ridículos. Aunque, eso sí, llevaba puesta un clack tremenda que intentaba ahogar con sus programados aplausos las risotadas del respetable. El argumento principal de Sánchez para decir que es un monstruo de la gestión municipal es un PGOU que no sabe cómo se va a apagar que tiene menos valor que el papel en que lo reescriben cada día según soplen los vientos recalificatorios y al que le están echando toneladas de hormigón de rostro humano. Y junto a eso, un Metro aún en fase de catacumbas cuya financiación dice él y dice Chaves que está totalmente garantizada pero que, miren por donde, el ministro Solbes, rectificador oficial de socialistas despendolados, que es el que tiene que poner los duros, dice que ya veremos y que eso hay que hablarlo con el padre de la muchacha, o sea, él. Pero eso sí, lo dice con buen talante y de buen rollito, ya saben. La entelequia de un plan rataplán y algunas obras de un Metro por el momento privado son en cualquier caso dos patas bastante cojas para un banco que a duras penas se sostiene porque el hecho es que a base de papeles futuribles, obras sin pagar y melones por calar, no funciona una ciudad. Hacen falta unos servicios decentes, ya saben, limpieza, tráfico, transportes, parques, colegios y esas cosas, una ciudadanía medianamente satisfecha y alguna realidad tangible que pueda ilusionarla a corto plazo y de eso, lamentablemente, andamos con lo puesto, por mucho teatro que le echen al asunto .

Sí. La teatralidad se ha instalado en la vida pública a todos los niveles y aquí todos se creen grandes actores desemperñando el papel de su vida. Que más da lo que opinen el público y la crítica. Lo importante es que el espectáculo continúe y, desde luego, por ellos no va a quedar. Teatro, lo suyo es puro teatro, pero el escenario en el que interpretan no es suyo, sino nuestro. Es nuestro país, nuestra comunidad, nuestra ciudad y nuestra calle y eso nos da todo el derecho del mundo a exigir por lo menos que la obra la obra a la que nos obligan a asistir tenga un guión medianamente presentable. Y yo no sé a ustedes pero dedde luego, a mí esta farsa contínua, este improvisado culebrón protagonizado por mediocres ya me tiene bastante aburrido. Hasta el gorro, vamos.

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