Niña, ¿qué tal el finde?
- ¿El finde?
- Ay, hija, el fin de semana. Si es una palabra que está en la calle. Claro que cuando la quiera reconocer la Academia de la Lengua ya no se dirá. Como guay, que acaba de ser admitida y, a ver ¿quién dice guay? Al menos en mi urba no; ahí decimos mega. Y megatop me lo he pasado en una reunión de Thermomix.
- ¿Thermomix, Maripuri?
- Sí, hija, el Thermomix es un aparato que calienta y lo mismo te hace masas de croquetas que mousses de chocolate. Vamos, que es un amor para el ama de casa moderna. Aunque eso es lo de menos. Lo de más es la excusa para juntarnos un grupo de mujeres, hablar de nuestras cosas y tomarnos unas copitas.
La del otro día fue en casa de una prima de la cuñada de mi amiga Piru, en una urba de Tomares. Niña, de cine. Es que, desde que mi Paco tiene trabajo de campo los findes, me tengo que buscar la vida.
- ¿Trabajo de campo?
- Sí, hija. A mi Paco le ha dado por jugar al golf. Conoció en la Feria de San Miguel a unos empresarios que están en la pomada y que practican este deporte y está entusiasmado, aunque cada vez que tiene un torneo me dice que esto es trabajo de campo; es decir, que mientras le da a la pelota le hace la ídem a estos señores, que tú sabes que políticos y empresarios suelen caminar juntos y en el golf por lo visto se anda una pechá. Primero habló con su psiquiatra y le dijo que esta actividad le vendría de perlas para su psique y sobre todo como medida preventiva de posibles vértigos periféricos.
Tú sabes que esto de la política es duro y tiene sus riesgos, y que tarde o temprano todo da la cara. Fuimos a equiparlo al Corte Inglés y no le falta un perejil. Si te soy sincera está goloso, porque mi Paco, las cosas como son, luce una barriga Cruzcampo, de Guinnes, pero cualquiera le quita la ilusión. Ahora, niña, que me tiene el green, sí, hija, el césped del jardín del acosado, de pena, porque todos los días ensaya su swing para superar el handicap. Ay, no me preguntes qué es eso, pero por lo visto es el nivel de profesionalidad. Palos tiene la tira y pelotas ni te cuento.
Mi amiga Piru, que tú sabes que tiene un nivel, o sea, es profesora de Sociales, me dijo el otro día que si Freud levantara la cabeza haría maravillas psicoanalistas con los golfistas. Y es lo que yo le dije, si nos vamos a poner a buscarle tres pies al gato, que cada palo aguante su vela. Porque a ver quién es el guapo que a estas alturas le toca a mi Paco sus pelotas de golf.