Llego a Sevilla con las pilas cargadas. En la memoria se amontonan cantidad de materias de plena actualidad. Gibraltar -mi tierra- por una parte, Batasuna por otra; Los Pajaritos más acá; el Perejil allí, y así. Leo también que comienza la carrera de obstáculos: que si uno elige a todos y que si a otro lo eligen todos, un juego de palabras.
En Sanlúcar de Barrameda, de donde llego, hay un vendedor de lotería que, con salero inigualable anuncia: ¡no va a tocar!, ¡no va a tocar! Para a continuación, socarronamente, añadir: ¿y si toca? Pudiera suceder, Dios no lo quiera, que al que eligen todos, que va a salir, seguro, le ocurriera al revés: ¿y si no sale? No quiero ni pensarlo porque el supuesto es tan difícil como que toque el gordo de la lotería, pero a veces toca. El que elige a todos, el del bigote para ser más claro, tiene un cuaderno donde toma sus notas; después, consulta hasta la saciedad y, en el caso que nos ocupa, dejará que los órganos del partido decidan con plena libertad lo que está decidido y en la mente de todos.
Así de fácil, ya los veremos.