Paquita Salas
Hoy me siento «Paquita»
La segunda temporada de «Paquita Salas» demuestra que aquel «boom» de los Javis no se debía solo a una moda pasajera
Seguro que en más de una ocasión, cuando veías a un determinado personaje de ficción pensabas eso de: «cómo me identifico contigo». A mí, me ha ocurrido unas cuantas veces. Hay días, depende del estado anímico con el que afronte la jornada, que me siento más «Meredith Grey» y otros, esos en los que me como el mundo, que parecería recién sacada de un capítulo de «Jessica Jones» . En los últimos días, sin embargo, me siento más «Paquita» que nunca.
Hoy se estrena la segunda temporada de «Paquita Salas», la ficción creada por los Javis que triunfó en Flooxer y llevó a Netflix a firmar con sus creadores por una segunda tanda e, incluso, una tercera sin ni siquiera conocer el resultado de los nuevos capítulos . Con lo nuevo de «Paquita» las esperanzas son más que elevadas. Las originales campañas promocionales de Netflix han llevado a la de Navarrete a entrevistarse, incluso, con los niños de «Stranger Things» y la vasta figura de la representante está presente hasta en la parada de metro de Chueca. Esto, unido al indudable éxito de los Javis, de quienes nos hemos enamorado gracias a «La llamada» y a «Operación Triunfo», han convertido a «Paquita» en uno de los estrenos de Netflix más esperados del año y ya se sabe que, cuando las expectativas son tan elevadas, la caída puede llegar a ser dolorosa.
Pero «Paquita Salas» no defrauda. Supera con creces a su primera temporada y deja el listón bastante alto de cara a la tercera. La de Navarrete, más que nunca, logra que el espectador empatice con ella y con su manera de ver la vida, con el hecho de haberse quedado atascada en los noventa y no conseguir avanzar en aquello que un día fue lo que mejor se le daba.
Paquita está en su peor momento económico y anímico pero, pese a todo, lucha por defender lo suyo y a quienes le rodean. Es bruta, mal hablada pero también, y eso es lo que nos arrebata, resolutiva (atentos al coworking con Yolanda Ramos) y amiga de sus amigos. Y es que, es en esos momentos en los que pensamos que el mundo nos está tomando el pelo cuando todos deberíamos dar un golpe en la mesa, como Paquita, y defender lo nuestro como si no hubiera otra opción posible. Y eso no significa que estemos locos, es que estamos hasta...
Hay muchos motivos para ver a partir de mañana la segunda temporada de «Paquita Salas». Uno de ellos es el indudable talento de Brays Efe y el alma que pone en Paquita, consiguiendo transformar a la representante en toda una heroína, de esas de andar por casa pero heroína al fin y al cabo. Los secundarios — Belén Cuesta, Lidia San José, Yolanda Ramos, Secun de la Rosa... — son igualmente brillantes y los cameos — Ana Obregón, Paz Vega... — vienen a demostrarnos, una vez más, que los Javis han logrado con creces su objetivo de triunfar en el mundillo y que una llamada suya todo lo valga.
Envidio a Paquita. Y lo hago porque defiende su verdad, porque no se amilana y porque, en un mundo en el que ya no encaja, hace lo que esté en su mano por volver a ser una pieza del puzzle. Envidio, —¿quén no lo hace?—, a los Javis, por crear un producto tan solvente de la nada, por saltar de Flooxer a Netflix y del vestíbulo del Teatro Lara a las salas de cine . Por pensar, como hizo Javier Ambrossi, que no había que conformarse detrás de la barra de un bar y que podía, debía, salir de ahí y escribir historias, crear personajes como Paquita con los que dar una lección de vida y consolidar un nombre propio en la industria audiovisual española. Con tan solo diez capítulos, «Paquita Salas» ha logrado convertirse en la comedia nacional de referencia y demostrar que aquel «boom» de los Javis no se debía solo a una moda pasajera. Háganme caso y, si no lo han hecho ya, entren en Netflix para conocer a «Paquita Salas», cambiará su manera de ver el mundo.
Hoy me siento «Paquita»
Valoración
Excelente