La Subdelegación del Gobierno en Sevilla sólo tiene concedidas seis licencias para la venta de pirotecnia de las clases I, II, y III: «Los niños», «El Cambalache. Kiosko de chucherías», Bazar Haro», «Antojos», «Kiosko chucherías» y «Fiestas Melero». Sin embargo, y a tenor de los miles de petardos y cohetes que estallaron la madrugada de ayer por toda la ciudad, el rigor de los controles de venta de este tipo de productos es irrisorio: grupos de jóvenes, menores en muchos casos, manejaron a su antojo durante toda la jornada, material pirotécnico de las más diversas características sin que haya trascendido ninguna actuación policial.
El creciente arraigo de esta moda de explosiones incluye prácticas de indudable riesgo, como el fuego cruzado de cohetes desde los edificios situados a ambos lados de la calle, como pudo verse en distintos puntos de Los Remedios a partir de las doce de la noche, o la práctica «ocupación» de algunas plazas por los lanzadores de petardos.
Afortunadamente, este auge pirotécnico no trajo más consecuencias que la proliferación de estruendosas explosiones por toda la ciudad. La noche transcurrió sin incidencias notables, siempre con la zona de las plazas Nueva y de San Francisco y El Salvador como epicentro festivo.
Ello no quiere decir, empero, que fuese una noche de asueto para los cientos de policías, bomberos y personal sanitario que hicieron ayer guardia en la ciudad. Los bomberos tuvieron que salir en Nochevieja en una treintena de ocasiones para apagar contenedores y papeleras incendiados. Una situación, por otra parte, que no supone más que un incremento relativo de los incidentes que se registran cualquier fin de semana.
Por otra parte, fuentes de la empresa de emergencia sanitarias del 061 dijeron a Efe que en las últimas horas fueron llamados por numerosos casos de intoxicaciones etílicas, con una incidencia superior a la de una noche normal pero similar a la de otras fechas especiales en las que mucha gente sale a consumir alcohol.En este aspecto cabe destacar, por otra parte, la decreciente capacidad de convocatoria de las macrofiestas, cuyo precio de entrada más generalizado fue de 40 euros, mientras que este año se ha registrado un incremento importante de personas que acudían a tomar copas a los bares habituales, sin parafernalia festiva y en un amiente de normalidad.
Las carreteras andaluzas no registraron accidentes mortales en las últimas horas del año 2002 y primeras del Año Nuevo, según señaló a Efe el Centro de Gestión de Tráfico de Sevilla.