«De pronto, todos corrían»
Carreras, tensión, enfermos que bajan con prisas de una planta a otra o que son trasladados por el personal sanitario a otra planta ante la sorpresa de los allí ingresados. El hospital San Lázaro vivió ayer una tarde de tensión y nervios por un suceso que se saldó con la muerte de una paciente y con el ala de psiquiatría «inservible» por los efectos del fuego.
«De pronto las enfermeras aparecieron en la habitación de mi suegra con un enfermo y, rápidas, salieron diciendo «vamos a por otro». Pensé que había pasado algo en algún sitio y traían heridos al hospital, pero luego sentimos el humo, salimos y vimos que estaban bajando a los enfermos de la segunda planta a la primera. Mi suegra está en la habitación que está cerca de la puerta y como parecía que el humo bajaba, vinieron y nos echaron hacia el fondo del pasillo». Con estas palabras describía ayer el suceso acaecido en San Lázaro una señora que, con la tensión aún reflejada en su rostro, no dudaba en señalar que se habían llevado un buen susto con el incendio tanto los pacientes como sus familaires, «mi suegra me miraba, veía mi cara y la pobre decía «qué susto, qué susto».
Al final para la mayoría, a excepción de la mujer fallecida en el traslado, todo quedo en un gran susto, y en historias que contaban unos y otros sobre cómo habían sucedido los hechos. Pero, como señalaban tambíen otros familiares de los enfermos ingresados en San Lázaro, la impresión había sido fuerte: «Todo ha sido de pronto, han llegado los doctores diciendo que había humo en la planta de arriba, todo el mundo ha empezado a correr como locos, sacando a los enfermos de las habitaciones y bajándo unos y otros a la planta primera. Dicen que ha sido por una discusión entre dos enfermos, que se decían el uno al otro, «te quemo», y en la pelea ha salido ardiendo un colchón».
Mientras, algunos familiares de enfermos acudían al hospital, que les recibía conun fuerte olor a humo, con la cara desencajada, preocupados por lo que podía haber ocurrido. Pero allí el acceso les era impedido. Se les aseguraba que «todo está controlado, no pasa nada, nadie está herido, se está trasladando a los pacientes a lugar seguro» y se les indicaba que dejaran el pasillo de acceso a las plantas libre por si fuera necesario que entrara alguna ambulancia.
ENFERMOS FUERA
En otras zonas del hospital la situación no era tan tranquila. Varios de los enfermos del ala psiquiátrica -no el ingresado en la habitación donde se originó el incendio, que quedó, sedado y aislado, en el interior- salían a la zona exterior del centro hospitalario. Algunos con mantas para protegerse del frío y todos con la excitación propia tras la experiencia vivida, que a punto estuvo de provocar un incidente grave cuando algunos de ellos, al advertir una enfermera la presencia de los fotógrafos en la zona, a punto estuvieron de agredir al redactor gráfico de ABC, lo que provocó también la tensión entre los policías locales allí desplazados.
En el interior del hospital, las caras de gran parte del personal reflejaban la tensión vivida. En apenas unos minutos habían tenido que responder a una situación de riesgo grave, habían tenido que recurrir a trasladar a todos los enfermos de la planta segunda a la primera y habían visto como una de las pacientes fallecía en ese traslado. El ala de psiquiatría permanecía oscura, por el humo, y algunos pasillos llenos de cristales rotos por la operación de apagar el fuego.