Volvió a revivir Sevilla las representaciones de los autos sacramentales. Una actividad con que la ciudad celebraba la festividad del Corpus desde la Edad Media y que este año, como hecho extraordinario, se ha retomado por iniciativas eclesiástica y civil.
La propuesta, a la que respondieron dos compañías de teatro, supuso un esfuerzo de horario y formas pues poca infraestructura se desarrolló pensando en los artistas. Y así, el ruido de vehículos, de vocerío al más puro estilo del corral de la Montería adaptado al siglo XXI y la escasa dotación de sonido pusieron la nota negativa a una jornada en la que el respetable —que acudió en una cifra nada despreciable teniendo en cuenta la incomidad de las sillas que escaseaban en número— aplaudió generosamente las representaciones.
TIERRA ROJA TEATRO
Los antiguos alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático de la capital sevillana agrupados en la compañía Tierra Roja Teatro rompieron el hielo con «Las grandezas de Sevilla» de Monroy y Silva. Una historia en la que se cantan las particularidades de la ciudad haciendo un recorrido por sus barrios y por las diversas actividades que, para bien o para mal, impregnan a cada una de ellas. Una ruta que realiza un sarraceno que llega embelesado por la espiritualidad sevillana y al que esto mismo salva del pecado.
Para llevarlo a cabo la dirección de Martí optó por la austeridad en el empleo de la tramoya y el atrezzo, la canción en directo, los personajes alegóricos dibujados con claridad, unas fuertes dosis de color además de un trabajo de cuerpo y gestualidad muy acentuados aunque no por ello menos estático que las representaciones pictóricas que han llegado hasta hoy sobre las carrozas del Corpus. Todo ello para reducir una fuerte carga textual que los actores se esforzaron por hacer comprensible a un público nada acostumbrado a los encabalgamientos infinitos y a los hipérbatos. Un objetivo con desigual fortuna.
PADRES BLANCOS
La Escuela de Teatro de los Padres Blancos optó para la ocasión por la pieza «El hijo pródigo» de Valdivielso. Un trabajo en el que se enfatiza en la bondad infinita de los progenitores. Un argumento para el que su responsable, José Luis Losa, diseñó un espectáculo con mayúsculas con un amplio número de composiciones musicales y coreográficas además de una compañía de veinte personas que deleitaron al público durante toda la representación. Una amplia participación que recordó a las actividades teatrales de talante popular que se celebran en otras localidades andaluzas. El desarrollo dramático tuvo un gran escollo en el sonido pues, a diferencia del día anterior, los actores no optaron por la frontalidad que exige el tipo de micrófono instalado en el escenario.
En resumidas cuentas y para ambos grupos, el agradecimiento del público que ha podido conocer la naturaleza del auto sacramental gracias al trabajo de sus componentes. Una orientación que, quizá el año que viene y tras una profunda reflexión, vaya más allá del anacronismo para que próximas propuestas funcionen con la misma efectividad ante un público que, aunque a veces sorprenda, vive en el siglo XXI.